Otra vuelta al giro autobiográfico
Sol Echevarría *



Vida y obra. Otra vuelta al giro autobiográfico

de Alberto Giordano
(Beatriz Viterbo Editora, 2011)




“... todas esas palabras ajenas habitantes de mi discurso y de mi vida,
todo eso estaba ahí y decía de mí, pero no era yo.”
Un final feliz, de Gabriela Liffschitz.




Cuando Alberto Giordano me escribe a fines del año pasado para mandarme su libro, Vida y Obra. Otra vuelta al giro autobiográfico quedo sorprendida por la casualidad. Justo ese mismo fin de semana había empezado a leer El giro autobiográfico de la literatura argentina actual debido a un artículo que estaba escribiendo para el quinto número de El Río Sin Orillas, una revista de filosofía, cultura y política.

Para enganchar una lectura con otra, empiezo, entonces, retomando algunas de las hipótesis que propuse en dicho artículo. Por ejemplo, que el género autobiográfico se instauró durante el imaginario de la crisis como un saber alternativo. Y no es que no hubiera antes biografías, relatos intimistas o las llamadas “novelas del yo” sino que en esa coyuntura se modificó su sentido de escritura y lectura, hasta el punto de ser éste percibido como tendencia o giro en la literatura. En las autobiografías (“escritura” de la “propia” “vida”) post crisis se tensionan los elementos que las constituyen como género. Allí reaparece lo performático.

El concepto de lo performático viene de la lingüística e implica un tipo de emisión que no es descriptiva, ya que crea una realidad en ese acto. Es decir, en simultáneo a ser emitida, actúa y, por ende, no puede ser juzgada ni como verdadera ni como falsa. “Precisamente, “yo” (en la medida en que “yo” es esto que escribo) soy solo un efecto y una experiencia de discurso”, escribió Daniel Link en “La imaginación intimista” (también llamado “Yo”), un artículo en el que discute la posibilidad de uso de dicho pronombre y la idea de toda intimidad que, según dice es, en última instancia, puramente imaginaria. Y luego pregunta: “¿Por qué, sin embargo, se escucha tanto “yo” en la literatura que leemos (en su tradicional formato libresco o en su moderno formato digital)? Cuando leo “yo” (cuando “yo” leo), lo que se lee son referencias a un mundo concreto (existente o no). Esa voracidad por lo concreto es lo que resulta llamativo. Como quien dijera que lo que en este momento nos atraviesa es la necesidad de inscribir el propio cuerpo en relación con todo lo que existe (porque la voracidad por lo concreto es correlativa al terror a la desaparición)”.

Ahí, creo, está la clave de la escritura autobiográfica durante la crisis. Curiosamente, dicho artículo de Daniel Link fue expuesto como crítica a una mesa organizada por Alberto Giordano en relación a El giro autobiográfico de la literatura argentina actual, libro que éste último publicaría al año siguiente. Según explica en ese libro, Giordano emprende su investigación tras advertir que, mirando el estante destinado a las novedades editoriales en su biblioteca, la presencia de textos autobiográficos era significativa. De ello dedujo cierta tendencia colectiva y, para él, todavía actual. ¿Por qué tanto hincapié en este género? ¿Será cierto entonces que asistimos a un giro autobiográfico? Más o menos. Los elementos autobiográficos aparecen en diversas manifestaciones literarias a lo largo de la historia, no es un fenómeno novedoso. Se puede sostener que en este caso lo es el cambio de contexto, sin dudas, pero también es cierto que el contexto ha variado en muchas ocasiones.

Ahora sí, retomo la pregunta sobre el giro autobiográfico desde Vida y obra. Otra vuelta al giro autobiográfico, libro que consta de cuatro ensayos reunidos que prolongan los intereses del libro anterior. El prólogo comienza con la siguiente frase: “Debe tener razón María Moreno cuando asegura que lo autobiográfico siempre estuvo de moda”. Lo que difiere es, en cada caso, la motivación al momento de la escritura y sus efectos de lectura. Y luego agrega: “No me interesa especular en términos de época o tendencias actuales, tal vez porque carezco de las facultades necesarias para poder hacerlo; mi propósito es más discreto: entrar en intimidad con la intimidad de algunos escritores...”. No busca entonces hacer un estudio sociológico o histórico, que no obstante está latente entre sus páginas, sino un trabajo de crítica literaria que, mientras discute con las hipótesis de Josefina Ludmer y Beatriz Sarlo, formula nuevas claves de lectura y reflexiones en torno a la experiencia de lo íntimo. Lo íntimo que, según la hipótesis de mi artículo, es imaginado como lo otro de lo propio puesto que ocupa un lugar externo (lo éxtimo, que vacila entre interior y exterior).

A través de sus lecturas, Giordano va analizando, no sólo los libros y autores que elije, sino el tratamiento que hacen de lo autobiográfico como registro e invención. Comienza con un ensayo sobre Gabriela Liffschitz, quien escribe para testimoniar su cáncer terminal, y busca la propia impersonalidad en Un final feliz. “La confusión de límites entre lo personal y lo colectivo es una causa política que orienta la escritura del testimonio”, dice Giordano. Luego le sigue un análisis de En la pausa de Diego Meret (la pausa, en este caso, es la vida, puesta en movimiento con el ejercicio de la escritura; aunque “movimiento” sea un término extraño que, tal vez refiera a un moverse fuera de sí mismo), donde se cuestiona la diferencia entre novelarse y experimentar en la escritura de sí mismo como un otro, íntimo y ajeno: “...el yo se eclipsa a favor de lo neutro por la necesidad que tiene la vida de manifestarse como potencia impersonal”. Esto ocurre porque su narración, sin dejar de lado una mirada retrospectiva, no pretende tener un carácter de alegato o justificación. Es una escritura que podría denominar “abierta”, es decir, no conclusiva. Luego, en su tercer ensayo, traza un recorrido de Hebe Uhart a Inés Acevedo que pasa por la propuesta estética de “Belleza y Felicidad”. De Una idea genial de Inés Acevedo analiza la mirada infantil como estrategia para producir un extrañamiento del presente. Con una suerte de devenir-infantil de la autobiografía, lo impremeditado y lo trivial llevan a lo desconocido.

El último ensayo del libro se centra en una serie de consideraciones sobre el presente de la literatura argentina: “Si la actualidad es un estado de cosas en el que nos reconocemos (...) el presente es un acontecimiento que nos absorbe, del que participamos incluso contra nuestra voluntad”. Plantea que una mirada que se posa sobre el propio presente no puede más que dirigirse hacia lo desconocido, es decir, hacia lo ajeno que forma parte de lo propio. Aquella sería, entonces, una mirada inactual. También anacrónica en cuanto conjuga lo arcaico e intempestivo con el porvenir que intenta “mantener la mira fija en las luces que proyectan las sombras del presente, esos fantasmas originarios que revelan la tensión entre tiempos que supone la contemporaneidad”.

Estas escrituras performáticas que Alberto Giordano analiza proponen una literatura que no es, pero adviene en el acto de narrarse. ¿Cómo? El desprendimiento de los cimientos institucionales, la hibridación genérica, la mezcla de los registros de lo privado y lo público, son algunas de las estrategias narrativas que les permiten a estos autores escribir en nombre propio para experimentar lo ajeno de la propia enunciación. Es ahí, en esa búsqueda incierta, donde se encuentra la escritura y la vida, donde la subjetividad se tensa (se construye y deconstruye) y donde “lo verdadero no se demuestra ni revela, se fabrica”.
*Autora
Sol Echevarría nació en Buenos Aires en 1983. Es Licenciada en Letras de la UBA. Escribe poesía y narrativa. Dirige la revista cultural No Retornable y colabora en varias revistas de crítica literaria.