Anatomía de un cambio necesario
Alexis Dedieu-Ourmanov *


El animal sobre la piedra, de Daniela Tarazona
(Entropía, 2011)


El 19 de diciembre pasado, la editorial Entropía organizó una mesa redonda con lecturas en la librería Eterna Cadencia, para presentar la primera novela de la escritora mexicana Daniela Tarazona, El animal sobre la piedra. Un libro previamente publicado en México por Almadía. En ese entonces todavía no lo había leído, pero la charla con Daniela dirigida por Fernanda García Lao y Pedro Mairal hizo que me dieran ganas de llevármelo, porque, según lo que había entendido, se metía profundamente por la experiencia fisiológica.
Observé, hablé con Daniela Tarazona e intenté, como lo suelo hacer cuando no sé nada del autor, destacar, en lo que decía o hacía, algún indicio que pudiese remitir a ese extraño texto. Luego de haberlo leído, intenté excavar en el recuerdo de esa charla para exhumar esos indicios eventuales, que se volvían cuanto más imprescindibles ya que el libro, como primera novela, parecía surgir de la nada.
El animal sobre la piedra comienza muy sencillamente, como en una novela de Marguerite Duras, a orillas del mar. Sobre todo, tiene esa evidencia respecto a los protagonistas, que no prejuzga de lo que los vincula, y convierte una situación tan singular como ser recogida por un desconocido en las piedras que bordean el mar, en una cosa ordinaria que el propio relato ni cuestiona. Los personajes hablan y es como si hubiesen tomado en cuenta desde siempre su presencia mutua. Lo extraño está presente desde el inicio, pero penetra en una relación sensorial con el lector, al emitir pequeñas señales, casi imperceptibles, casi desapercibidas. Lo extraño nace precisamente de esta postura del curso normal de las cosas, y del hecho que, casi hasta el final, la narradora misma parece espectadora de las propias transformaciones fisiológicas y morfológicas que la afectan.
El libro empieza de este modo con alta pretensión en apuntar a lo común, a lo normal: Irma, una de ambas hermanas cuya madre acaba de fallecer, decide emprender un viaje para superar el duelo que le causa esta desaparición. Pero esa cotidianeidad « postacontecimiental » y aburrida es engañosa: tan sólo al darse uno cuenta de que la descripción de los síntomas físicos que acompañan los estados anímicos de la narradora son algo más que una simple metáfora, tan sólo cuando la duda penetra profundamente en la mente del lector en cuanto a esas transformaciones morfológicas, recién entonces se entera el lector de que empieza otro libro debajo del primero. Aparece tan brutalmente como progresa insidiosamente. Se pasa así de una novela psicológica a una novela fisiológica, y es bastante encantador dejarse llevar a través del relato. Porque la narración juega sucesivamente con varios registros, desde el tratado de Anatomía, hasta el de la Historia natural. Asimismo, algunos dibujitos misteriosos adornan el borde de algunas páginas. La crudeza de las descripciones no es una postura estilística. Se vuelve animal, y pues, necesaria, sin por eso convertirse ni caer en cualquier ostentación.
Imposible, obviamente, no pensar en Kafka. Pero uno estaría equivocado en creer que la novela anhela una oscura finalidad. El animal sobre la piedra es una novela vital, en donde el optimismo se une con la simple constatación de la necesaria regeneración de los ciclos de la naturaleza. La narradora, en su busca de la felicidad simple, de la superación de la adversidad, convierte estas cosas en un regreso a los elementos: el fuego y el mineral. Son los que envuelven el reptil cuyo pulso late sobre la piedra ardiente. Esto supone el abandono de sus cualidades humanas, lo cual es algo espantoso de resignación y abnegación. Este abandono es tanto más espantoso que significa una nueva violencia, muy diferente a la crueldad: “Abracé a mi compañero [...] Un pensamiento erróneo atravesó mi mente: morderle el pecho, comerme su carne. [...] Morderlo era aceptar mi animalidad de golpe -mejor esperar-”. Pero lo más espantoso, es ese descubrimiento simultáneo, de parte del lector y la narradora, de sus propias transformaciones; de las transformaciones que el lenguaje agarra, ordena y que adquieren un aspecto cada vez más irreversible. Porque no hay ningún estado anímico que no revele su manifestación corolaria y fisiológica. “Después de unos minutos, algo nuevo en mi cuerpo ocupó mi atención, primero creí que se trataba de la basura acumulada en esa calle, los montones de bolsas que sudaban bajo el sol, después atestigüé que el olor fétido venía de mi propia piel: me llevé el antebrazo a la nariz y olí mi piel rugosa con una inhalación profunda. El olor se quedó en mis narinas, era el olor de un animal muerto. Pensé que mi camuflaje había sido perfecto".
La mayor parte del tiempo, a lo largo de las páginas, tan sólo la mirada de los demás protagonistas le permiten a la narradora conservar algunas de las referencias que usa para seguir moviéndose en un medio ambiente que no cambia sino a través de sus propias transformaciones. Irma se animaliza: el oso hormiguero que le sirve de mascota tiene al contrario rasgos muy humanos. El medio, testigo de estos cambios, se vuelve hostil. Entonces se trata de una verdadera aclimatación. “Mi compañero no se alarmó; hizo una observación: Eres un animal prehistórico y estás viendo transcurrir el tiempo que nadie más ve“.
El recurso literario de la metamorfosis ha sido explorado desde la antiguedad hasta hoy en día: sucesivamente épico (Ovidio), maravilloso (Apuleo), fantástico (está entre otros el tema de la licantropia, con John Webster), o simbólico (Kafka). Pero con está novela en cambio, Daniela Tarazona nos brinda una visión clínica y biológica de la maduración afectiva. El animal sobre la piedra es el relato de una sobrevivencia.
Anexo
Una entrevista, por Patricio Zunini, en el blog de Eterna Cadencia http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=18937#more-18937
*Autor
Alexis Dedieu-Ourmanov nació en Francia. Está comprometido en una editorial francesa [L'atelier du tilde, Lyon] especializada en publicar libros hispanohablantes, que traduce al francés, junto con otros compañeros. Asimismo está creando una revista web de crónicas culturales (arte y sociedad) sobre Buenos Aires y Montevideo, en ambos idiomas: Esquina Corrientes (facebook).