Juan Minujin
Entrevista
Martín Villagarcía


2011 marcó el debut como director de un largometraje del actor Juan Minujín. Después del corto Guacho, del 2007, el año pasado presentó Vaquero, la historia de Julián Lamar, un actor fracasado que no pude superar su negatividad y pesimismo para afrontar la realidad.
Se puede afirmar que las dos películas forman parte de un mismo proyecto. Vaquero retoma los tópicos explorados en Guacho, en la medida en que ambas tratan sobre el ambiente actoral porteño y están protagonizadas por personajes que no logran encajar del todo en ese mundo. De esta manera, Vaquero propone un punto de vista que permite ver el otro lado del escenario, el detrás de las cámaras y la ferocidad de la competencia actoral. Al mismo tiempo, al exponer al teatro de esta manera, lo saca de su puro presente y lo captura en una filmación que lo vuelve anómalo.
Por otro lado, la voz narradora del protagonista, presente a lo largo de todo el film, habilita el fluir de la consciencia de un personaje afectado directamente por las circunstancias que lo rodean, un canal abierto a través del cual se puede acceder al contrapunto de la experiencia y a su más secreta intimidad.

¿Cómo empezó tu interés por el cine? ¿Qué películas te gustaban cuando eras chico? ¿Qué modelo querías seguir?

Empezó en la adolescencia. Me regalaron una cámara VHS y con eso hacíamos cositas, cortos con mi hermano. Después, cuando era chico, me gustaban muchas películas de aventuras. Muchas de Spielberg, toda la saga de Indiana Jones, E. T…. y cuando era más chico todavía, las películas de Chaplin y Buster Keaton.


¿Y cómo apareció el tema de dirigir?

Siempre cuando trabajé como actor en las películas estaba muy atento a lo que pasaba en el set y era algo que me interesaba mucho. Tenía ganas de contar algunas cosas en algún soporte audiovisual.


¿Hace mucho querés dirigir o es una inquietud más reciente?

Hace mucho que quiero dirigir. Había escrito otro guión antes del corto, que nunca se llegó a terminar ni a filmar ni nada. Y sí, siempre quise dirigir algo de cine.


¿Qué pensás del nuevo cine argentino? ¿Creés que sigue existiendo o que ya se alcanzó una estabilidad donde esa “novedad” ya no tiene lugar?

No, creo que sigue existiendo en el sentido de que se sigue renovando permanentemente. Cada año hay por lo menos diez películas extraordinarias argentinas. Creo que se sigue renovando. Me parece que lo que se llamó “nuevo cine argentino” hace diez, quince años, ya esos directores tienen un grado de madurez muy grande y ya están haciendo su quinta, sexta película. Pero creo que todos los años aparecen cosas muy interesantes.


Y de lo último que apareció este año, ¿qué películas te parecieron extraordinarias?

Me gustó mucho El estudiante. La película de Hendler me parece que está bien, es uruguaya, pero es como prima. Fase 7 me gustó mucho. Se me ocurren también algunas del año pasado, Por tu culpa me gustó mucho. Bueno, Carancho.


¿Dirías que Guacho y Vaquero forman parte del mismo proyecto? ¿Se continúan la una a la otra?

Sí, son parte del mismo proyecto. Lo que pasa es que cuando hice Guacho no sabía que iba a hacer Vaquero, para nada. Pero sí el origen de plasmar algo en una película está en Guacho, totalmente.


Estas películas están intervenidas por la figura de un narrador que las va narrando de principio a fin. ¿Por qué? ¿Tiene algo que ver con una filiación literaria? Estoy pensando en el caso de Historias extraordinarias de Mariano Llinás, donde participás también como narrador, que es una película que integra la disciplina literaria a la cinematográfica.

No, no tiene el punto de partida de la película de Mariano que es más “literario”. Acá es un monólogo interno, un canal abierto de consciencia sin filtro, intentando que sea como un contrapunto emocional del personaje. No para narrar una historia, sino más bien usando la voz en off como un elemento expresivo más, como un personaje más, en las dos, en Guacho y en Vaquero.


En tus películas aparecen segmentos de tus obras de teatro. ¿Te interesa integrar tu labor teatral con la cinematográfica?

Me gusta, a mí me gusta la idea de lo teatral desposeído de la fuerza de lo teatral. O sea, filmado, como que está totalmente desposeído del valor que tiene el teatro, que es en vivo. Se ve como la parte de atrás del teatro, los actores desganados. Es un costado interesante que me gusta verlo en las películas. Una película que me gusta mucho desde siempre es Opening night, de John Cassavetes, que es sobre una obra de teatro, el montaje de una obra de teatro.


Tanto el protagonista de Guacho como el de Vaquero parecen tener una fijación sexual. ¿A qué responde esto? ¿Tiene que ver con la intimidad que habilita el fluir de la consciencia de sus narraciones? ¿Es otra pieza más de la frustración que los aqueja?

Son las dos cosas. O sea, los pensamientos muy íntimos y privados de una persona. Por un lado, si uno se mete sin filtro en los pensamientos muy íntimos de una persona, muy probablemente en algún momento esté lo sexual metido, porque es algo de un pensamiento privado, no social. Y, por otro lado, sobre todo en Vaquero, pero también en Guacho, hay algo del narcisismo, que lo hace no poder vincularse con otros, está en una cuestión medio masturbatoria permanentemente. Parte del no poder vincularse con otros le viene a él como una cosa sexual medio atorada.


¿Por qué usás tu propio nombre para tus personajes? Este es un recurso que suelen usar los escritores, por ejemplo Pablo Pérez, que escribió el libro en el que se basó Un año sin amor, o Copi o César Aira, por ejemplo.

Lo usé en Guacho, en Vaquero no, en Vaquero se llama Julián Lamar. En Guacho porque era un relato que me parecía que estaba bueno que tuviera algo de hablar de un personaje, de desdoblar. O sea, yo soy Juan Minujín, pero también hay un personaje que se llama Juan Minujín, que es actor, etc. Entonces, me pareció interesante ese desdoblamiento y usar mi nombre. No para hacer un relato autobiográfico, sino para hacer una especie de espejo ficcional, pero que a la vez también las personas son personajes. Hay una dimensión real y una dimensión ficcional siempre con las personas. Eso quería usar en Guacho.


¿Lo que hacés en tus películas es autoficción? ¿Son autobiográficas? ¿O simplemente partís de tu propio nombre para ir hacia otro lugar, explorando otras formas de vida sin dejar del todo tu identidad atrás?

Son puntos de partida. Para mí el punto de partida es la experiencia personal siempre. Pero es a partir de ahí, es sólo un punto de partida para entrar a una ficción. Me parece que no son autobiográficas porque no relatan una anécdota mía, de mi vida, que haya tenido. Pero sí los personajes tienen mucho que ver conmigo y también los actúo yo, entonces ahí sí hay algo que se puede leer como un poco autobiográfico, pero no son autobiográficas. El punto de partida sí es mi experiencia personal.


¿El ambiente actoral porteño es tan jodido? ¿Por qué elegís ese tema? ¿Cómo lo reciben tus colegas? ¿Tu objeto es hacer una denuncia?

No, para nada. Digamos, el problema que tiene este personaje es él mismo, no el mundo. El mundo está bien, funciona como funcionan casi todos los ámbitos laborales: los periodistas, los abogados, los cocineros, qué sé yo, todo tiene más o menos un nivel de competencia y un nivel, digamos, de estado público. En los actores es más evidente porque hacen carrera con el público y se mide mucho la popularidad. Pero no hay ninguna bajada de línea ni ninguna cosa denuncista del ambiente. El ambiente podría ser cualquier otra cosa, lo que pasa es que en el mundo de los actores se ve más claramente.


¿Y por qué elegís este tema? ¿Tiene que ver con el personaje Juan Minujín?

La verdad porque es el entorno que más conozco y para un primer relato, para una primera película me fluía más escribir sobre lo que ya conozco. Los lugares, los castings, las circunstancias que yo conozco más. Me hubiera costado mucho arrancar escribiendo sobre una azafata o un tipo que trabaja en una oficina. No conozco ese mundo, me resultaba más lejano.


¿Por qué elegís el fracaso y la negatividad para tus personajes?

Creo que un poco tiene que ver con ciertas frustraciones, con darle voz a ciertas frustraciones que a veces no encuentran otro camino de salida y transformar eso en una expresión artística me parece interesante. Y muchas veces yo también soy negativo y muchas veces pienso que las cosas no cambian ni se arreglan. Un poco, en ese sentido, Vaquero es el reflejo de una mirada mía sobre algunas cosas. No quiere decir que a mí me pasa eso, pero sí muchas veces entiendo que la cabeza va hacia un lugar y muchas veces veo que la gente no cambia a lo largo de los años, ni cambia tampoco con experiencia. O sea, cambia muy poco, entonces tampoco quería hacer un personaje que cambiara.


¿Cuál es tu próximo proyecto como director? ¿Ya estás pensando en algo?

Estoy pensando en algunas cosas, pero no tengo un proyecto concreto. La verdad es que tengo que tener algo para decir, digamos, algo a qué darle la voz, y por ahora no lo tengo todavía. Tengo un montón de ideas que me parece que pueden funcionar, que son más ingeniosas, más divertidas, más misteriosas, lo que sea, pero todavía no encuentro algo auténtico que me llame mucho poderosamente como para decir “bueno, sobre esto quiero hablar”.


¿Y como actor cuál es tu próximo proyecto? ¿Estás trabajando en algo?

Como actor hago una película ahora en Febrero, que se llama Guiso de iguanas, que dirige Martín Salinas. Es una comedia negra. Y después tengo un par de proyectos, pero la verdad que todavía no están confirmados, también para la primera mitad del año. Y después, no sé, iré viendo.


¿Y Vaquero sigue de gira ahora?

Sí, sigue de gira, estuvo hace un par de semanas en Estocolmo y ahora en Enero o en Febrero vamos a Cartagena y en Marzo vamos a Miami. Seguramente va a seguir el año que viene, por lo menos hasta Agosto, viajando.


Y la última pregunta. ¿Cuán satisfecho estás con tu película? ¿Fue una experiencia satisfactoria?

Estoy muy satisfecho la verdad. La veo ahora y todavía me gusta. Obviamente le veo defectos, cosas que no me gustan, cosas que en una siguiente experiencia trataría de fluir más en ciertos tramos. Pero me gusta, me parece que tuvo muy buena recepción, muy buenas críticas, está haciendo una gira por festivales muy interesante. Y sobre todo es una gratificación personal enorme. Digo, como hecho artístico fueron un par de años muy intensos vinculados a la película. Ahora ya la tengo más lejos, pero la verdad que fue una experiencia súper enriquecedora.