“Lo que nadie mira”
Sobre las fotografías de Raúl Flores y Lucila Penedo
Geraldine Lanteri


Sabemos que la mirada, al ser un recorte, excluye necesariamente al resto de las cosas del mundo que no constituyen su objeto de atención más inmediato. En las series En tránsito (2006) de Raúl Flores y Hogar (2008), de Lucila Penedo los objetos que se eligen mirar son justamente aquellos que, por el deseo o la indiferencia de sus propios dueños, no están destinados a formar parte del campo visual de nadie, excepto el de los propios artistas. Son el recorte menos deseado, en un punto: objetos escondidos y polvorientos debajo de una cama, acumulación de cajas de cartón, mezcla azarosa de objetos incompatibles que constituyen una suerte de “instalación espontánea”, descartes, cosas que no se quieren tirar pero tampoco ver, objetos que no se sabe dónde colocar, o simplemente lo que está puesto ahí, sin aspirar a ninguna trascendencia específica.

Los dos artistas eligen trabajar con la fotografía instantánea, una forma de representación que alude a la evidencia inmediata y a la urgencia subjetiva. Pero mientras Penedo elige observar los signos de la instalación reciente de las personas de su entorno más inmediato – en los que el rejunte de objetos regalados por familiares y amigos constituye el núcleo duro de la forma de vivir de los jóvenes que viven por primera vez solos- Flores decide registrar, mirando debajo de las camas donde durmió durante un año, los signos de su propio tránsito e instalación provisoria.

Los objetos fotografiados aluden a tres niveles diferentes: en primer lugar, hablan de sí mismos, en su calidad de objetos olvidados, acumulados; como si desde su muda existencia nos gritaran: “Estoy acá! Existo! Mirame!”; en segundo lugar, hablan de sus dueños y sus criterios de orden, selección, ocultamiento, acumulación – y en ese sentido éstas fotografías se convierten en retratos de esas personas- y, en tercer lugar, - tal vez el más importante- hablan de quien los mira, de los propios artistas: cuál es la pulsión que los hace mirar eso y no otra cosa? En la respuesta está la clave para revelar una necesidad interna, una forma de autorretrato.

En estas dos series, la travesura y el voyeurismo se dan la mano. Me gusta imaginarme a Raúl tirado en el piso haciendo estas fotos. O a Lucila, merodeando por las casas de sus amigos, en busca de esos rincones olvidados o incluso negados.