Serginho Poeta
Serginho Poeta *


Falté al trabajo
(en Donde Miras. Dos poetas y un camino)

Que me disculpe mi patrón
Pero hoy se va a quedar esperando
En el mismo horario de siempre
El reloj sonó como loco
Lo apagué y decidí dormir un poco más
Fue por eso que me retrasé
¡Y cómo me retrasé!
Me desperté con la cara toda aplastada
Parecía que me habían dado una golpiza
Y el espejo encima me dijo
¡Bien hecho!
¿quién te mandó a encantarte con la batucada?
Y mirá que el espejo no miente
En poco tiempo ya no voy a necesitar peines
Lo que quedó de mi pelo
Está poniéndose todo gris
Debe ser porque mi vida
Es sólo trabajo trabajo trabajo

Dicen por ahí
Que la bohemia interfiere en el trabajo
¿y por qué no decir lo contrario?
Con el día perdido me van a descontar del sueldo
A menos que consiga
Que me hagan un certificado
Pero dejemos eso para después
Mandé a mi hijo al bar de Seu Zé
Para comprar leche fiada
A pesar de la miseria que gano
A fin de mes lo pendiente es sagrado
Quisiera tener más tiempo
Para cuidar que él siempre esté encaminado
Pero si trabajo duro el día entero
Es para que el hijo de mi patrón
No sea el patrón de mi hijo

Mi casilla es la más alta
La más alejada del asfalto
La que está más cerca del cielo
Y eso no es ningún sacrilegio
De hecho es hasta un privilegio
Desde acá arriba se puede ver todo
La campana de la iglesia
El patio de Doña Eurica
Mamá de Zeca Cabeçudo
Que le lava ropa a gente rica
Pero no se queja a pesar del cansancio
Y mientras friega
Va cantando esos cantos de lavandera

Allá abajo, al pie del árbol de caucho
Hay un banco de madera
Donde los viejos sambistas se reúnen
Para esas conversaciones cotidianas
Y un buen juego de dominó o de cartas
Todos jubilados
Gente llena de sabiduría
Que aprendió que la vida
No está hecha de prisas
Y que cada vez que amanece
Ocurre un nuevo día

Mirá vos quién está ahí
María, la mujer de Joaquim
Que tenía un perro
Que corría atrás mío
Cuando yo saltaba el muro
Para robarle sus goiabas
-¡Ah! ¡Pequeño sin vergüenza!
Si te agarro te voy a dar unas palmadas

Perdí la hora y pude darme cuenta
Lo que pasaba justo frente a mis narices
Que para ser feliz necesito de tan poco
De estas calles sin asfalto
De estas casas sin revoque

Perdí la hora y pude darme cuenta
Que todo lo que la vida nos da es gratuito
Que ella no pide nada a cambio
Por eso, trabajen
Sí, trabajen
Pero no dejen de vivir.

Via-sacra nordestina
(en Donde Miras. Dos poetas y un camino)

Debo agradecer por la comida en mi mesa
Pero ¿a quién debo culpar por la tristeza
De quien mueve el arado
Para que llegue hasta acá?
Hay tanto alambrado, cercando los latifundios
Que confunde a los desamparados:
-¿somos gente o somos ganado?

El hombre-lagarto se arrastra por la caatinga (1)
Planta, pero no alcanza
La tierra lo rechaza
Sin agua, se fue la cosecha
Se fue el ganado, el cerdo y la gallina
Barnabé, el único caballo que tenía
Se fue el assum-preto (2), el canario y la mula
Y con ellos lo peor:
Partió también su hijo menor
Un pueblo notable
A pesar de que la vida les es un factor improbable
No culpan a Dios por la muerte
Su devoción es su canto
En aquellas sesmarias (3)
De Josés y de Marías
Cada uno tiene su santo
Cada cual una creencia
Todos el mismo destino
La misma sentencia

El hombre camina vacilando
Con el aliento de un gato
Y coraje sertaneja (4)
No sabe bien lo que anhela
No sabe qué es querer
Pero tiene una certeza
Quiere sobrevivir
Pues el hambre es cruel y desmedido
Se fue la vida, se fue el ganado
Sólo queda ahora el barro mojado

El hombre se arrodilla
Sacándose el sombrero
Único bien que todavía aprecia
Mira al cielo
No se manifiesta ninguna nube
Se seca el sudor de la frente y reza
Más por costumbre que por fe
Se levanta, con media lata y heridas en los pies
Da algunos pasos a pulso
Tropieza con fósiles de otro estiaje
Cae, pero resiste y sigue su curso
Pues es tan grande su coraje
Frente al terror que le hace señas
Que sorprende al propio destino
Y vuelve a la desgracia pequeña

La vía-sacra nordestina
Es del infierno el propio esbozo
Camina, débil
Con la lata en la espalda (5)
En esa que tal vez sea la jornada final
Pues la sequía es verdadera y desmedida
Se fue la vida, se fue el ganado
Y ya no hay ni siquiera barro mojado.

Soldados de plomo
(en Donde Miras. Dos poetas y un camino)

Cuando apagan la luz
De la última celda de mi pabellón
Una claridad pasa a iluminar mi ventana
Es la luna
No sé qué sería de mí si no fuese por ella
El centinela camina de un lado al otro
Enciende un cigarrillo...
Un auto pasa del otro lado del paredón
No puedo verlo, apenas escucharlo
No puedo tocarlo, pero puedo sentirlo

Es gracioso
Si no fuera por el andar desalineado
Por la falta de elegancia
Diría que el hombre uniformado
Se parece a algunos soldados de plomo
Que me regalaron en mi infancia
Mi madre trabajaba
El tiempo que duraba el día
Y como si no fuese suficiente,
Su esfuerzo tenía a la noche como compañía
A veces me llevaba a su trabajo
Y me quedaba confinado en el área de servicio
Tal vez porque a la patrona no le gustaba que los negros
Circularan por los cuartos de su lujoso conventillo

Cuando se despertaba de buen humor
Le daba por hablar del muchacho sin color
Que quería que fuese ingeniero
Sé que mi madre soñaba para mí
Un futuro parecido
Pero cuando miraba al negrito
Con aire de alterado
Su semblante se hundía y sufría
Como quien descubre una infinita distancia
Entre el deseo y la realidad

Cierto día
La señora me dio como limosna
La Guardia Real Británica
En formato miniatura
Criaturas sin piernas o brazos
Que habían hartado al pequeño ingeniero

Yo tenía, allá en casa
Una tribu con decenas de cajas de fósforos
De esas amarillas
Con la figura de un indio impresa en la etiqueta
Enérgicos, mis amigos eran sagrados
Y estaban siempre listos
Para hacerle frente a la invasión
De los soldaditos amputados
Me dieron algunos más
Pero mi tribu siempre vencía
Por más que el pelotón creciera
Era como si, por lo menos ahí, ese día
también venciera el negrito

Yo era pequeño, gigante en mi imaginación
Ni siquiera el fabricante más astuto
podría imaginar que su producto
iba más allá de prender cigarrillos o estufas

A la noche
Cuando mi madre volvía a casa
Nos callábamos como fuera
Para velar su sueño tan justo
Después, cada pieza de mi invento
iba para abajo del colchón
Al lado del bloque de cemento
Que sujetaba mi cama
A algunos centímetros del suelo

Cuando Dios pensó que había llegado la hora
Decidió llevarse a mi santa señora
Antes de que ella pudiera percibir
Cómo la vida me transformó
Si fue ganancia, debilidad o necesidad
No lo sé
Nadie nunca me lo explicó

Mañana, es día de visita
Mi hijo, el niño más bonito,
Me vendrá a conocer
Voy a rezar hasta el amanecer
Para que la vida no lo vuelva un bandido
Para que sea tal vez eso que mi madre soñó para mí
Un profesional exitoso
Y si llego a percibir
Que sigue existiendo una infinita distancia
Entre el deseo y la realidad
Mayor tendrá que ser mi pensamiento
¡Más fuerte ha de ser mi voluntad!
Nota
(1) Región seca característica del nordeste brasileño, compuesta por vegetación desértica [Nota de la Traductora]
(2) Tipo de pájaro del nordeste brasileño. [Nota de la Traductora]
(3) Legislación datada en la colonia que controlaba la distribución de tierras, similar al contrato enfutéutico [Nota de la Traductora] (4) Referente al Sertón (región del nordeste brasileño). [Nota de la Traductora]
(5) Expresión del nordeste brasileño que refiere a pesadez [Nota de la Traductora]
*Autor
Serginho Poeta (Sergio Luis de Oliveira Mesiano), nació en 1970 en San Pablo capital, en la Favela da Cachoeirinha, zona norte. Trabaja como educador de jóvenes de seis a veinte años, colabora con el periódico virtual Jornalirismo y participa de varios proyectos culturales, entre ellos el Sarau da Vila Fundão, Sarau do Binho, Poesia de Esquina, Expedición Donde Miras, Caminhada Cultural Pela América Latina. Participó de la antologia poética Hip Hop a Lápis, del cd Encontro de Compositores y tiene un poema en el encarte de la cantante Adriana Moreira.Es autor del libro “Donde Miras, Dois Poetas e Um Caminho”, junto com Binho.