Volver al futuro
Verónica Pérez Arango *


sobre Temperley, de Patricio Foglia.
(En el aura del sauce, Buenos Aires, 2011)



Temperley es el primer libro de poemas de Patricio Foglia. Un libro breve donde las palabras aparecen estalladas. Un fuego artificial que explota su sentido una y otra vez, al infinito.

Con un elogioso prólogo de Osvaldo Bossi, Temperley se divide en cuatro series bien diferenciadas, aunque todo el conjunto hace eco con lo que podría ser un poemario iniciático. Sin embargo, la voz joven que dice los poemas no persigue aquí la adultez ni sus estereotipos ni maneras: más bien traza un camino propio, rebelándose contra las reglas que imponen el mundo del trabajo y los mayores, el barrio y la educación sentimental.

Huir de lo conocido. Crecer hasta volverse chico otra vez. Conocer y perder el amor o la guerra. Los poemas de Foglia dan cuenta del recorrido de un yo por diferentes tiempos y espacios. El encierro, aparentemente eterno, del empleado de un locutorio en una ciudad arrasada y hecha de escombros, que vive más en su imaginación que afuera de ella; el sueño infantil de la nave espacial con viaje a la luna incluido; el recuerdo del amante perdido y una guerra absurda que, se sobreentiende, es Malvinas.

En esas peripecias de la voz, la casa y la lengua paternas quedan atrás. También lo-que-se-debería-haber-sido, porque gana la batalla el yo que da el salto y, entonces, pierde el cliché: “retumba ahora en el vacío/ porque somos de temperley, y nadie/ es astronauta en temperley/ porque la gente se dedica a otras cosas/ me decían: si te gusta viajar,/ podés ser/ camionero ,/ y yo escuchaba esa clase de crueldades/ que sólo circulan entre amigos/ muy amigos/ pero yo tenía claro que no podía seguir viviendo/ en temperley/ en la casa de mis viejos/ en el barrio de mis amigos”.

¿Cómo hacer para convertirse en otro? ¿Qué lugar nuevo ocupar? ¿Cómo alejarse de lo que todos esperan de uno? Ser distinto -o jugar a serlo- (astronauta, bailarín, soldado, fantasma, son algunas de las posibilidades que el autor acumula en su libro), implica un pasaje la mayoría de las veces inquietante y doloroso. Un aprendizaje a contrapelo: “mientras releía me acordaba/ de la cara de espanto que nos ponían/ del horror en sus rostros/ cuando les decíamos que nos llamábamos igual/ y que nos amábamos tanto”.

En los poemas de Temperley , no sólo hay alguien que imagina y fantasea a la manera de un chico transformado en el protagonista de su película favorita, incluso existe quien sufre por amor y revisa su memoria en busca de fragmentos de vida compartidos, esquirlas de momentos íntimos, ya imposibles, que perforan el corazón como una herida de bala.
Autora
Verónica Pérez Arango (Bs. As., 1976): Estudió Letras en la UBA y actualmente cursa la Especialización en Procesos de Lectura y Escritura en la misma universidad. Publicó la plaqueta la desdentada (Dirección General del Libro y Promoción de la Lectura, 2002) y Camping (Vox, 2010). Poemas suyos fueron antologados en el libro Quedar en lo cantado (El fin de la noche, 2009). Obtuvo dos menciones en la convocatoria Poeta Revelación 2011 organizada por Plebella. Dicta clases y talleres de literatura.