Un existencialista en el conurbano: a propósito de Samsara
Santiago Mazzuchini *


Samsara, de Emanuel Alegre
(La parte maldita, 2011)


El protagonista de Samsara nos miente. Nos inunda de palabras que ensayan una respuesta que explique el sentido de su miserable vida; pero nos dice que no hay allí ninguna búsqueda.

“¿Qué te pensas que sos? ¿Un escritor, un filósofo? No seas boludo. No hay sentido en nuestras vidas. Solamente naces para morirte y listo. No le des más vueltas, no hay nada aparte de eso” (Pag 55)

En la novela de Emanuel Alegre, nos vinculamos con un narrador que proyecta sus sombras. “Ver lo preciso, ver lo iluminado, no la luz” nos decía Goethe. Pero aquí, nada de eso. Más bien se nos dice: “ver las sombras, no la oscuridad”. El título, que no siempre suele ser fiel a lo que una obra nos presenta, aquí es exacto e indica que el viaje nos depara charcos negros, nauseas existenciales, un verdadero viaje en el sentido de extraviarse, de no seguir una ruta delimitada de ante mano. Un relato que obliga a intentar abandonar el mundo de lo óntico, para convencernos de que un trayecto puede ser interior, aunque se recorran los mismos paisajes.

En Samsara, el lector encontrará un mundo existencialista criollo, configurado en el habla de un vigilante de fábricas, coleccionador de llaves, que no sabe cómo evitar a su mujer y no encuentra la mejor idea que trabajar de noche, sin francos. Esa temporalidad y esos espacios donde transcurre la historia de Carlos, invitan a recordar (sin ánimo de exagerar) aquél ambiente gris de El extranjero, la primera novela de Camus. El protagonista, con su rumbo perdido y sus comportamientos que traslucen cierta pesadez al andar, con frases habituales como “soy un boludo”, “una esponja”, rememoran algunas de las señas característica de Meursault: aquellas reiteradas expresiones de resignación, como la famosa frase “naturalmente” (que remiten también, porqué no, al “preferiría no hacerlo” de Bartleby). Actitudes que muestran de alguna manera aquél nihilismo de sentirse un objeto arrojado al mundo. Pero en el relato de Alegre, el narrador abunda en puteadas y frases graciosas, que por momentos le hacen olvidar al lector aquella angustia, aquella oscuridad que lo alejan del camino de la iluminación y lo sumergen en Samsara.

Como se mencionaba al principio, el narrador nos desborda de palabras, se presenta como una incesante máquina enunciativa que no para de producir razonamientos que no llevan a ningún lado, modos de dirigirse y calificar a los idiotas que lo acompañan en esta búsqueda como una manera de delimitar un territorio, de apartarlos de su masturbatoria soledad. Sin embargo, detrás de ese vocabulario plagado de insultos, del andar zombie y resignado, emergen destellos de humor, de violencia, de vitalidad. Carlos Kölhn, por momentos tiene arranques propios de un personaje de Cucurto o de Casas, genera una sonrisa, producto de la complicidad y conexión por su lenguaje cotidiano, de la calle, como diría Arlt.

“Mientras volvía a casa tuve que bajarme en Burzaco porque no aguantaba más. No sé si era por todo lo que había comido o por lo que estaba pensando estaba siendo somatizado en un bolo fecal que intentaba salir de mi y lanzarse al mundo, pero tenía que bajarme: me estaba cagando” (Pag 87)


El espacio que habita, su casa casi abandonada (que durante el día aloja al “ fantasma”), las rutas del conurbano, el viaje en tren, la fábrica, la granja de los curas, van conformando un ambiente que en la narración se potencia, ya que lo que en apariencia parece ser miserable, pobre, en consonancia con el protagonista, abunda en riqueza. En esa aparente oscuridad por la que se atraviesa, existen destellos de luz que bifurcan, pequeñas señales que si son leídas, develan que Samsara e iluminación, que la noche y el día, son lo mismo. Es decir, que razón, emoción, cuerpo y palabra, habitan un mundo que sólo el espectro del ruido y el bullicio de la estupidez moderna pueden separar.
Autor
Santiago Mazzuchini (UBA, Facultad de Ciencias Sociales) Estudiante avanzado de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Participa como investigador en el Proyecto Ubacyt So11 (2008-2010) Dirigido por la Prof. María Rosa Del Coto, co-dirigido por la Prof. Graciela B. Varela: Mediatización y regímenes de lo ficcional y lo verista en la construcción de cuerpos, espacios y colectivos sociales. Miembro del Grupo de Investigación de la carrera de Ciencia Política “Los debates políticos contemporáneos en torno a la democracia, la representación partidaria y las identidades políticas desde la perspectiva del Análisis Político del Discurso (APD)”coordinado por el Dr. Jorge Tirenni y la Dra. Ma. Cristina Ruiz del Ferrier Es miembro fundador de la revista (De)construir “Pensamiento libertario periférico” e integra la revista Tierra Socialista del CEPPAS (Centro de politicas públicas para el socialismo). Publica cuentos de ficción en la Revista Sinécdoque.
Mail: santiagomazzuchini@gmail.com