Baquelita
Javier Martínez Ramacciotti *


de Víctor Goldgel
(El fin de la noche, 2011)


Una reseña puede ser muchas cosas. Se la puede pensar como un comentario, como un streap-tease del sentido de un texto, incluso como una escritura emancipada del deber de indicar nada más que su propio despliegue. Entre esta variedad, una reseña también puede ser una biografía: una biografía puesta a consideración de un texto, así como un texto colocado bajo la luz de una vida. ¿Cuál es el punto en el que se encuentran la novela Baquelita y mi vida? El capricho de unas fuerzas que no dependen de uno y que lo atraviesan por doquier. Una indiscreción (una reseña también es un catálogo de sentimientos): hace un tiempo estoy cansado, me siento a escribir cualquier cosa y una fuerza gravitatoria arroja todos mis esfuerzos al vertedero de los restos improductivos. Y uno tiene que sostener, a veces, una fidelidad extrema al cuerpo, incluso a despecho de nuestra eficacia social. Entonces, lo que yo tengo para decir de la primera novela de Victor Goldgel, Baquelita, debería resumirse en una siguiente fórmula: es un texto que, pivoteando entre zonas heterogéneas, pareciera erigir una necesidad (su necesidad) incluso a despecho de criterios estéticos. O dicho de otro modo, biográficamente: la novela no necesariamente me impactó, y sin embargo, luego de su lectura, es una novela que no podría no haber leído. Esta especie de factum sempiterno (un hecho nacido para la eternidad) es lo que me impactó del devenir de la novela, desactivando el conjunto de preceptivas subjetivas acerca del buen escribir. Y, justamente, ¿no se trata de eso, de crear un artefacto literario que, en su empuje, arrastre al lector, sus matrices de lecturas, la cultura, y el conjunto de condiciones de imposibilidad de aprehensión de la singularidad del texto en cuestión? Yo creo eso, y creo que Victor Godgel lo logra.

Ahora bien, una voz en mi cabeza me reclama “seriedad”, y me recuerda a su vez las “reglas” de una reseña: hay que decir algo de la textualidad en cuestión. Pero yo ya adelanté que esto es una biografía expuesta, escenificada, travestida; entonces, quiero rescatar un conjunto de zonas en la que me encontré con la novela, como en un espejo opaco, deformante.

Lo involuntario: en la superficie del relato lo que pululan son epidermis murmurantes, como si zigzaguearan en el espacio abierto entre dos frentes imposibles: el cuerpo y el lenguaje. Nunca ni uno ni el otro: siempre una piel estirándose hasta ser sonido, una frase que se contornea y amasa hasta ser materia sensual. En este discurrir que descentra a los cuerpos y al lenguaje (que siempre los hace algo más de lo que son, y de ahí quizá la hibridez, las mezclas, el pastiche discursivo) lo que está en juego es la emergencia de lo involuntario, lo que no depende de ningún programa, ni previsión ni cálculo. La pregunta (una de ellas) de la novela (que es también, insisto, la mía): ¿qué pasa por los cuerpos y el lenguaje cuando algo pasa como un rayo atravesando el cielo en plena luz de un mediodía?

Esta cuestión está en estrecha relación con una frase de Bataille que se encuentra en mi top five de mantras que me repito al despertar: “Pero no hay nada bello, nada grande…que no se encuentre por suerte y que no sea raro” Y la novela de Victor Godgel se hace cargo de este principio de azar y excentricidad de lo bello y grande del mundo. El problema de la escritura es desmontar su proceso para dejar entrever-como entre filigranas- su propia génesis azarosa; un libro, este libro, alcanza su necesidad en la asunción de su origen caprichoso, esto es, de un origen heterónomo, que depende de cualquier cosa menos de él: Baquelita erige su necesidad en el mantenimiento inclaudicable de su profunda arbitrariedad. Y quizá aquí se pueda hallar una luz para comprender la mencionada hibridez de la novela, esa síntesis de elementos diferentes que, en una primera instancia, podrían parecer incompatibles: es una máquina que expone su ensamblaje sin encubrirlo en una pretendida solidez estética. Y es que esta novela- y este es, a mi parecer, el Punctum de la misma- quiera mirar como Orfeo hacia atrás, y soportar en la superficie de sus letras esa imposibilidad: Baquelita es una novela, en cierto sentido, proustiana, sobre la memoria y su dialéctica enloquecida. Es decir, una escritura que hace de la memoria, no tanto el archivo de lo conservado, como la dinámica siempre fugaz de lo que se sustrae a la imagen: en la novela se erigen imágenes para hacer patente el espacio vacío del recuerdo (su puro tener lugar), y de este modo ser fiel al olvido que funda todo discurso: como decía Lacan, “porque hay algo que no se dice es porque hablamos”. Baquelita abre el campo de la escritura en la espera paciente de lo inmemorial, y configura un habla que conquista su silencio. Y en este punto es donde puedo enunciar libremente la fórmula en la que se encuentran mi vida y la novela: en ambos de lo que se trata es del arduo ejercicio de un cuerpo por entrar en sintonía con las fuerzas involuntarias (memoria/olvido) y lo que ese forzamiento implica para el lenguaje, para la escritura, para la mera posibilidad del habla.

La pregunta que hace la novela, que me hace la novela, que yo le hago a la novela y que, en el límite, le hacemos-la novela y yo- al lector es: ¿qué pasa cuando algo pasa? El pasar es un pasaje, algo que abre los cuerpos y el lenguaje a una anterioridad infigurable o a una posterioridad sin avistamientos. Y si “el poema es un meteorito”, si lo poético es antes que nada lo que expresa el pasaje siendo él mismo un movimientos, Baquelita, un campo minado de flujos y atravesamientos, no sería tanto una novela sino más bien un extenso y galáctico poema.

Una reseña es una biografía y yo, antes que nada lector de poesía, sé ahora porqué Baquelita me impactó: creía leer una novela y estaba leyendo poesía.
Autor
Javier Martínez Ramacciotti (Córdoba, 1985). Estudia Lic. Letras Modernas. Participó de la antología de jóvenes narradores de Córdoba Es lo que hay (Editorial Babel) y de Dieciocho. Antología de poetas hombres de córdoba (Tinta de Negros Ediciones) Ganó el primer premio del Concurso Literario El Banquete 2011, género poesía, con el libro Fondo Blanco, publicado por Alción Editora. Mantiene los Blogs www.noeranecesariorama.blogspot.com y www.ennombreimpropio.blogspot.com Su mail es: ramacciottijavier76@gmail.com.