Hospital de Campaña
Lorena Curruhinca *


de Gabriel Cortiñas
(VI Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro, 2011)

¿Una o varias biografías pueden narrarse de manera lineal? En el trazado de la propia vida hay multiplicidad de eventos y voces que regresan, son reversibles e incluso, mutables; como cuando te pensás a vos mismo y recordás por un instante a otro vos, en otra edad, situación y estás bifurcado por las emociones y la temporalidad, pero todos esos nexos tejidos a tramos con hilos de agua y otros con cuero de animal masticado son la misma razón que causó que estés ahí, parado. Esa es la misma sensación que se tiene al leer este poemario, pasar por la vida de alguien, recorrerla de nuevo, pasarla por la boca, necesitar de varios sentidos, para descifrar y aún así, estar un poco desamparado. Hay en el libro de Cortiñas varias retóricas que recorren al personaje que se construye pública y políticamente; el padre de Olguín/el chino habita en la guerrilla tucumana, Munich 72 y la guerra de Vietman, un padre que retorna, habla, que quiere ser héroe y le lega su reloj. Padre-soldado-tótem que viaja por salvoconductos en tiempo/memoria enseña y hereda aprendizaje de estar alerta, entrenamiento con los dientes apretados: buscar armas en todos los lugares en los que transcurre. Todo requiere una disciplina y un compromiso con el método, Cortiñas lo dice claramente: “Toda exhibición es una moral”. El niño que practica Wushu –deporte chino- también se convierte en combatiente y prepara una estética para cuando le toque estar en la lona. La moral es un lenguaje con el que uno trabaja y moldea incómodamente, tal como Olguín: maestros, vecinos –la del cuarto piso que dice que “lo detuvieron en la puerta del registro civil/por tirarle maíz a los recién nacidos”, lo que ella no entiende es que a los bebés hay que alimentarlos como a los gallos de riña, darles de mamar esa semilla monocotiledónea para que germine y empezar a masticar sin dientes, aprender el canto dolido-, el kiosquero, el entrenador, hablan de él con el asombro de quienes observan costumbres extrañas con cierta desazón. El relato de una vida que no está hecha de sucesos diarios sino de “acontecimientos” que hacen historia, tal como señala Julia Kristeva. Enseñarse a uno mismo con otra gramática, aprender en un lugar como extranjero –necesitando así un hospital de campaña, el lugar provisorio donde resguardar y descansar el cuerpo por si morimos- para no acostumbrarse a la normativa, cuestionar y atravesar a los demás y dar constancia de la misma vivencia. Y comenzar la narrativa autobiográfica, quizás por el principio, otra vez. Tal vez porque nunca nos deshacemos de ese origen, de esa dualidad nacer-muerte para existir.

Último día

El sonido del parlante es ensordecedor
estamos justo debajo de ellos, sintonizan
uno atrás de otro.
Mañana habrá que hacer superficie
con la bandera en los dientes
hasta la boca del río.
Autora
Lorena Curruhinca, (Viedma 1981). Reside desde pequeña en Carmen de Patagones, por lo que se considera maragata. Vive y estudia en Bahía Blanca. Con Gerónimo Unibaso editan la revista “Esto no es una revista literaria” y la editorial “Colectivo Semilla”, y junto a Diego Rosake organizan la feria de editoriales autogestionadas de Bahía Blanca. Está por sacar el libro “Una chica de río”. Blog: principiodeincertidumbre.blogspot.com