Una forma de autoboicot
Joaquín Correa *


sobre Antología Outsider II, Enzo Maqueira y Valeria Iglesias (comps. )
(Ediciones Outsider, Buenos Aires, 2011)

Antologías

Una obra de ballet es un complejo universo de sentidos, en constante e irregular expansión. Nuestra percepción trata de descifrar esos movimientos, entenderlos o darles un sentido posible (tranquilizador). Si la obra se aleja de lo directamente referencial, querremos aún más buscar un punto de referencia para poder delimitar esas figuras (de modo similar a los comportamientos respecto de las circunferencias punteadas, por ejemplo, estudiados por la Gestalt).

Una antología funciona como el ballet: no tenemos allí solamente un conjunto de textos reunidos, sino también -y principalmente- un manifiesto estético, un credo, mediante el cual sus textos dicen “presente” y se justifican. Debemos leer, entonces, las figuras trazadas por la antología en conjunto, tratando de no perder de vista eso que nos está diciendo a lo largo de sus páginas.

Escrituras

El fin del “Prólogo” anuncia que “el libro puede ser leído como un corte transversal de lo que se escribe a principios del siglo XXI en Argentina”, y es cierto, aunque se queda corto: es una muestra, de hecho, de lo que se viene escribiendo en el país desde los noventa, por lo menos: escrituras de la primera persona, elaboración de historias mínimas sin demasiada trascendencia o importancia, inserción en los círculos académicos o círculos ya consagrados… Todo esto da como resultado un hecho paradójico: si consideráramos a los textos fuera de la presente antología diríamos que son buenos y alguno, incluso, muy bueno, pero dentro de ella se nos hacen monótonos, de escasas variaciones, carentes de un sello personal o imposibilitados de formar un mínimo recuerdo posterior a la lectura.

Outsiders de la realidad

El “Prólogo” de la Antología Outsider II es bastante contundente: explícita de entrada (condicionando tal vez demasiado la lectura posterior) cuáles son sus objetivos, qué presenta con su selección. En pocas palabras: qué vino a decir esta antología. El criterio seguido para confeccionarla, nos dicen, fue el de los nombres, todos ellos vinculados, de alguna u otra forma, al concepto de “outsider”, ya sea porque están afuera de la sociedad (“por no decir lo mismo que dicen todos”), del mercado, de alguien o algo. Escrituras o escritores que se encuentran en la periferia económica en primer término y, derivado de ella, de las normas e ideales sociales y humanos imperantes. Frente a esto se esperaría una reacción de los escritores en tanto intelectuales, pero estamos muy lejos, parece decir el prólogo, de una postura como la sartreana, porque el escritor es poco más que un inútil: “¿Para qué sirve verdaderamente alguien que escribe? En el mejor de los casos, para alimentar el alma o sembrar alguna duda; también, para entretener o provocar rechazo. Nada demasiado importante, por lo menos no en estos tiempos”. Desde allí se podrían delinear dos consecuencias: la posición del outsider y su concepción rechazan la sociedad capitalista en tanto su existencia es signo de la posibilidad de obliterarla o, al menos, de negarla; o el acto de escribir / leer es un lujo que intenta olvidar inocentemente la división social de la cual nace y se desarrolla.

Una confusión de estos dos caminos se puede encontrar en la concepción de la escritura como una vocación (contrapuesta a interés, y no relacionada -aparentemente- con el trabajo), ligada directamente a lo “outsider” de lo cual los escritores deben hacerse cargo. Hacerse cargo significa pasar gran parte del tiempo escribiendo frente a una computadora, imaginando situaciones o reconstruyendo recuerdos. Efectivamente: si hacerse cargo de ser un outsider significa esto, un escritor sirve para poco menos que nada.

Inmediatamente surge una pregunta a todo lo anterior: ¿y qué hacemos con alguno de los autores incluidos en esta antología: Guillermo Martínez, Juan Diego Incardona, Elsa Drucaroff, Federico Andahazi, Patricia Suárez pueden calificarse como “outsiders”? La Antología outsider II, a fin de cuentas, no es tan outsider como pretende: sigue considerando fuertemente a la figura de autor además de adjudicarse el tono soberbio del vanguardista que habla desde un supuesto margen (pero que confunde, en su interior pequeño burgués, “margen” con “marginalidad”), cuando en realidad se encuentran mucho más cerca de las modas actuales y los convencionalismos presentes en la literatura argentina de un tiempo a esta parte. Sin olvidar que la elección misma de “outsider” niega todo aquello enunciado al definirse desde el idioma “de la sociedad del reality show, del auto último modelo y del último juguete tecnológico”.
Autor
Joaquín Correa nació en Mar del Plata, en 1987. Es asistente de español en Saint Louis, Francia. Ha publicado artículos y reseñas en distintas revistas. Mantiene el blog: citasincomillas.blogspot.com