Conversaciones con un amigo
Juan Bernardo Cejas *


de Alberto Manguel
Introducción de Claude Rouquet
(Editorial La Compañía, 2011, 246 Páginas)

ELOGIO DE LA RELECTURA
Conversaciones con un amigo” nace al calor de las conversaciones de las entrevistas realizadas a Manguel por Claude Rouquet, su editor de L’Escampette.
La primera conversación abre así: “Querido Alberto…” y la fraterna complicidad no abandonará las diez conversaciones que constituyen el libro.
La primera mujer importante en la vida de Alberto es Ellin Slotniz, nacida en Checoslovquia, de familia judeo-cristiana, “mujer muy fea” al decir de Alberto, que introduce al niño en el mundo de los libros.
Las circunstancias de la contratación de Ellin como niñera están atadas al nombramiento del padre de Alberto como primer embajador de un estado extranjero en Israel, refundado el 14 de mayo de 1948. Alberto nació el 13 de Marzo de 1948: es un bebé cuando queda al cuidado de Ellin. La dedicación exclusiva de la mujer durará siete años, y se constituirá en la única persona a quien trate Alberto durante su niñez. De más está decir que su niñez fue extraña: salvo el saludo formal hacia sus padres, “buenos días señor, buenos días señora”, será Ellin quien desempeñe para Alberto los roles de padre y madre. Sin embargo Alberto recuerda su niñez “como completamente feliz ¡Era el único niño de una mujer dedicada a mí las veinticuatro horas!”.
Las primeras lenguas son el alemán y el inglés; sólo aprenderá el castellano luego del regreso con su familia a la Argentina en 1955, regreso que también implicará el inicio del trato con sus padres a los siete años de edad.
Podría situarse como hilo conductor en la vida de Alberto la materialidad de los libros. Debido a
las numerosas mudanzas, desconcertantes para el pequeño, Manguel hombre exclamará: “ya no sabía exactamente donde estaba ese lugar que podía llamar mi casa y me veía obligado a encontrarlo en los libros” (Pág. 35). “Mis libros eran realmente mi casa” (Pág. 36).
En la tercera conversación, antes de hablar de Borges, relata la muerte de un compañero de 17 años; para Alberto fue su primera muerte y exclama: “La literatura nos enseña también las desdichas de la inmortalidad”, para agregar una convicción que no quedará sin conclusiones: “No creo en el más allá, creo que me convertiré en polvo, espero ayudará a que crezcan algunos zapallos” (Pág. 75). Concluye entonces en lo que le queda de vida, una duración de no más de veinte años, tiempo para escribir a lo sumo cuatro libros más. Otra conclusión avanza, la imposibilidad de leer todos los libros, pero Alberto se consuela: “Incluso si no tuviera que leer una sola página nueva, para mí no cambiaría gran cosa” (Pág. 76).
Lo anterior nos introduce en el tema principal del libro: la relectura por sobre el mandato de lo novedades que en su avalancha recibirán de Alberto, con nombre y apellido, encendido apostrofes.
Se deriva de la estrategia de la relectura el valor mismo de los libros y una pregunta calibra con toda exactitud la importancia de los textos: ¿Cuáles de todos tus libros lector, cisne tenebroso y borgeano, soportan la relectura una y otra vez? ¿Cuáles de tus “libros”, por llamar de alguna manera al empaste de palabras, modas y reseñas amañadas, cartón pintado y fotos con sonrisa, podrías volver a releer sacudiendo el polvo de su muerte prematura?
La segunda mujer importante en la vida de Alberto es Lili Lebach, dueña de la librería Pigmalíon, que contaba como asiduos a Borges y a Bioy, quien recomienda al empleado de 17 años, esa era la edad de Alberto en aquella época, la lectura de Conrad: “Juventud”, “Victoria” y “El corazón de las tinieblas”; en ese orden riguroso.
Alberto comienza a leerle a Borges luego de conocerlo en Pigmalión: nos comenta las dudas del
ciego inmortal acerca de sí era capaz todavía de animarse a la ficción. La ceguera dudaba de haber hecho bien su trabajo, tanto como la septicemia había laborado en un Borges más joven el deterioro de sus facultades intelectuales; maleficio roto décadas antes por la escritura de “Pierre Menard, autor del Quijote”. Borges dudaba a finales de la década del ’70 de dictar ficción; tenía algunas ideas que luego se transformarían en “El informe de Brodie”, publicado en 1970.
Cedo la palabra a Alberto: “Pero antes de meterse en la tarea, quería volver a leer los cuentos que le gustaban, para entender como estaban construidos, para desmontar la maquinaria y ver de que manera estaban hechos. (Pág. 84).
En el prólogo a “El informe de Brodie” Borges señala: “Los últimos relatos de Kipling fueron no menos laberinticos y angustiosos que los de Kafka y los de James, a los que sin duda superan…son lacónicas obras maestras; alguna vez pensé que lo que ha ejecutado un muchacho genial puede ser imitado por un hombre en los lindes de la vejez, que conoce el oficio”. Así relee Alberto para Borges Kipling, James, Steventson y Kafka a contrapelo de la actualidad.
Es que la relectura debe estar presente como límite honesto a las veleidades de la novedad que empachan el entendimiento: espera a que la tinta se seque para que te sea posible leer mejor; tal parece ser una de las principales enseñanzas del libro de Alberto, que la Editorial La Compañía ha tenido la deferencia de publicar.
Para muestra basta un botón sabía decir mu abuela: basta entonces citar el título “Galileo Galilei. Dos lecciones infernales”, que por sí solo nos invita a recorrer el catálogo de la editorial, y no sólo a recorrerlo, sino a emprender la lectura para dar paso así a la repetición benéfica de la relectura que nos arrancará del eterno peso estéril de lo mismo.
Autor
Juan Bernardo Cejas nació en Buenos Aires. Curso estudios de filosofía con Tomás Abraham y es egresado de Psicología de la UBA. Se especializó en el campo de la clínica de las psicosis. Publicó ensayos y artículos en revistas especializadas en psicoanálisis. El presente, su primera novela, ganó el primer premio del Fdo. Nac. de las Artes, año 2008 (Jurados: Ana María Shua, Guillermo Martinez y Juan Martini). Fue publicado en noviembre de 2009 por Santiago Arcos. Su tercera novela La maquinaria de la verosimilitud recibió la beca nacional de escritores del Fondo nacional de las Artes.