La fotografía digital ante los problemas clásicos de los fotógrafos
Rubén Romano *


“El verdadero origen de la expresión está en el hombre, no en la herramienta que elige como recurso. Solamente se deberían apreciar los resultados; la forma en que estos se obtienen tiene importancia sólo para el creador”.

Creo que estas palabras del gran fotógrafo Edward Weston sintetizan la línea directriz sobre la que me interesa reflexionar.

La popularización de la fotografía digital, en la década del 80 ha traído muchos cambios que los usuarios de estas nuevas tecnologías no los han sabido captar.

Una de las trilladas y estériles discusiones se refiere a si la fotografía digital es mejor o peor que la analógica, mientras que pocos se preguntan si es “mejor o peor para qué”.

Se dice que la fotografía digital no se acerca en calidad a la obtenida por un buen negativo fotográfico. Por qué comparamos la imagen analógica con lo real y luego la foto digital con una foto analógica? No deberíamos igualmente compararla con lo real? Si hacemos justicia y comparamos la foto digital con lo real nos sorprenderíamos al descubrir que la imagen digital suele ser mejor representación de lo real que una foto tomada con película.

Una de las cuestiones que trajo la tecnología digital demuestra claramente que nuestro “filósofo contemporáneo” Luca Prodan tenía razón cuando cantaba “-No sé lo que quiero pero lo quiero ya”. Decenas de marcas de cámaras nos atosigan con cientos de modelos que cada vez nos confunden más y entramos en una carrera de pixeles pensando que cuanto más millones de ellos entren en nuestra cámara, mejores fotos sacaremos. Y así nos convertimos en fotógrafos ametralladora que disparamos sin cesar y sin preguntarnos por qué lo estamos haciendo. Miramos el visor de nuestra Nikon Coolpix S1200pj cual televisor que nos entrega la imagen que prueba nuestra propia existencia, ya que todo lo que está en la TV existe y es el modelo a imitar. Nuestra memoria personal ya no se dilucida en la sala de estar sino que circula entre millones de computadoras de todo el mundo, y la memoria pública ya no es un territorio reservado a las grandes agencias fotográficas, desde el mismo instante en que la mirada anónima pone en circulación el menor de los acontecimientos sociales que acontezca. El reportaje y el documento ya no son patrimonio exclusivo de valientes aventureros y reporteros, sino de miles de ciudadanos anónimos que acercan hasta los medios de comunicación o internet impresionantes imágenes de cuantos temas puedan ponerse al alcance de sus cámaras o teléfonos. La creación artística ya no es propia de los fotógrafos, cuando en los festivales internacionales de fotografía se premian series fotográficas de ciudadanos que nunca se han sentido artistas; y fotógrafos ganan premios con imágenes tomadas desde la comodidad de su casa, realizando capturas de la cámara de Google Earth.

La fotografía tiene esa extraña apariencia de ser de simple lectura, y si ya era compleja y ambigua, el medio digital vino a complicar más la cuestión, ya que al tratarse de ceros y unos pueden modificarse pixel por pixel, lo que hace casi imposible detectar cualquier alteración. Esto fortalece aquello de que ya la fotografía no es de “esto que ha sido” (según Roland Barthes) sino que es “esto que ha sido actuado y luego re-presentado por el fotógrafo”. Los visos de “espejo de la realidad” que la fotografía creía tener se ha vuelto cada vez más difuso. La fotografía digital parece haber puesto en entredicho los valores que durante años se han ensalzado de este medio: el «ser un espejo con memoria» (Fontcuberta, 1997: 37). Pero debemos cuestionar estos valores antes de afirmar rotundamente que ya no los posee. Es posible que nunca los haya tenido y viviésemos queriendo creer que sí los poseía. Durante toda la historia de la fotografía se ha asumido que ésta representaba la realidad y por ello, también representaba la verdad. Ha sido la inocencia de la fotografía digital la que, al ser abiertamente manipulable y tratable por programas informáticos, ha puesto de manifiesto que, en realidad, estos valores tan asumidos por la fotografía no son tan seguros y tan estables como generalmente se creía. Quizá todos nos habíamos dado cuenta ya de eso de forma individual en alguna que otra ocasión, pero no estábamos preparados para reconocerlo ante el mundo y seguíamos queriendo creer que la fotografía representaba objetivamente la realidad, y así la verdad.

Sin entrar a dilucidar las cuestiones técnicas que se manejan en estas tecnologías, creo que dos preguntas interesantes para los fotógrafos es qué queremos hacer con nuestras fotografías y cuáles son las posibilidades que nos dan estos nuevos avances.

Pensar la fotografía digital como una herramienta con un nuevo abanico de posibilidades y no como un sustituto de lo analógico es interesante, ya que es un medio que a mi parecer no se está investigando a fondo. Como es obvio, la manipulación digital, al igual que cualquier otra técnica artística, no es más que una herramienta que sólo puede demostrar su valor al servicio de un proyecto con sentido y con ambición creativa. Y aquí es donde se diluye su potencialidad, porque no pocos artistas se limitan a explotar los recursos que ofrece para elaborar imágenes chocantes, o para presentar atractivas composiciones de formas y colores.

“Fotografiar es apropiarse de lo fotografiado. Significa establecer con e! mundo una relación determinada que parece conocimiento, y por lo tanto poder” (Susan Sontag).

Ante la sobreabundancia de imágenes con que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación, nos encontramos con la presencia de un nuevo observador, que mira con rostro abúlico ya sin comprender el significado de códigos que nunca aprendió y que debe decodificar en un vano intento por comprender el mundo; un mundo cada vez más virtual y menos real. Y es imprescindible pensar en el observador, ya que si no hay lector, perderíamos nuestra razón de existencia como fotógrafos.

Ninguna cámara saca buenas o malas fotos; somos los fotógrafos los que lo hacemos. Hoy por hoy, debemos adecuarnos a los cambios tecnológicos y debemos asimismo reaprender a ver cómo “ve” una cámara digital. Asimismo los automatismos nos llevan cada vez más hacia una estandarización de las imágenes. Una cuestión interesante sería cómo hacemos para saltar por encima del medio –que determina qué tipos de escenas debemos fotografiar y cómo debemos fotografiarlas- y lograr que la herramienta esté en función nuestra y no al revés.

Detenernos a observar fotografías y reflexionar sobre las razones por las que determinadas imágenes nos atraen más que otras sería un buen punto de partida para tratar de comprender este lenguaje que es la imagen fotográfica.

La fotografía digital, finalmente nos genera más preguntas que respuestas. No deja de ser apasionante.
Bibliografía
Roland Barthes. La Cámara Lúcida.
Susan Sontag. Sobre la Fotografía.
Walter Benjamin. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica.
Marta Martin. Reflexiones en torno a la fotografía y la posfotografía.
Autor
Rubén Romano fue fotógrafo de la Dirección de Medios Audiovisuales de la Municipalidad de La Plata entre 1989 y 1998. Colabora con la Fundación Norte en el proyecto Argentina Indígena desde 1995 hasta la actualidad. En 1998 junto a "Yuyo" Pereyra funda la Escuela de Fotografía "Yuyo Pereyra" http://yuyoescuela.com. Expuso sus trabajos en España, Argelia y distintos países de Latinoamérica. Sus trabajos documentales los distribuye la agencia suiza Latinphoto www.latinphoto.org
Su web personal: http://rubenromano.com