Fotografías
María Negroni *


En “La escritura de la luz”, Baudrillard sostiene que el acto fotográfico es un duelo: una especie de asesinato simbólico tiene lugar cuando el sujeto “dispara” la foto y el objeto, al ser captado por la lente, deja de ser parte integrante del mundo para volverse un “monumento”. El objeto era y ya no es, dice el filósofo. Y, sin embargo, esa cancelación es engañosa porque, en verdad, el objeto se resiste a mudar en imagen y usa su propia “monumentalización” para expulsar al sujeto y vengarse de él, dejándolo afuera de su propia creación.

Sobre este tironeo un poco paranoico, escribió también Julio Cortázar. Las fotos aparecen en sus cuentos como fósiles que el artista recoge de la nada o, quizá, de recuerdos extraviados en su propia psiquis. A veces, incluso, las dota de poderes premonitorios como en el caso aterrador de “Apocalipsis en Solentiname”. En cuanto a “Las babas del diablo”, leer allí una intriga alrededor de un fotógrafo y una foto indecente es, cuanto menos, avaro. Lo que interesa en el relato tiene que ver con la traducción o mejor dicho, con su imposibilidad, dado que ninguno de los instrumentos que posee el protagonista (ni la cámara ni la máquina de escribir, ni siquiera el naked eye) le alcanzan para “morder” la realidad y, lo que es peor, para liberarlo de la prisión ontológica de un yo que, cada vez que se empeña en salir de sí, acaba ejerciendo una violencia sobre el mundo. Parado ante la foto que ha sacado, digamos, comienza por evaluar el cúmulo de falsificaciones y malentendidos que ésta instaura, y acaba por comprender que la “réplica” no existe, a menos que llamemos réplica al pasaje de un mundo que se mueve a una imagen paralítica. El descubrimiento tiene consecuencias: al concentrar su crítica sobre la fotografía --supuestamente la más “fidedigna” de todas las artes-- Cortázar objeta, a fortiori, al “realismo” literario y refuta para siempre la categoría de mímesis.

Blow-up, expresión en inglés con que se tradujo “Las babas del diablo”, es un término técnico de la fotografía que significa ampliar, pero también hacer volar por el aire, hacer añicos a causa de una explosión. Una explosión ocurre aquí, no hay dudas, y es epistemológica. Contra el ataúd de la cámara y la caja negra de la literatura, Cortázar postula una estética a favor de la incerteza; contra la política de la representación, una reflexión sobre su instrumento; contra el tedioso realismo, el desbarajuste, feliz y agudísimo, del fantástico.
Aclaración
Este texto pertenece a Pequeño mundo ilustrado, publicado en septiembre por la editorial Caja negra.
Autora
María Negroni (Rosario, Argentina) publicó dos novelas, El sueño de Úrsula y La Anunciación, y numerosos libros de poesía, entre ellos Islandia, El viaje de la noche, Arte y fuga, Andanza, La boca del infierno y recientemente Cantar la nada. Publicó también cuatro libros de ensayos: Ciudad gótica, Museo negro, El testigo lúcido y Galería fantástica (Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI). Tradujo, entre otros, a Louise Labé, Valentine Penrose, Georges Bataille, Charles Simic, Bernard Noël y la antología de poetas norteamericanas La pasión del exilio. Su obra fue publicada en inglés, francés, italiano y sueco. Actualmente enseña Literatura Latinoamericana en Sarah Lawrence College, Nueva York.