El efecto realidad de la fotografía
Sol Echevarría *


Una tarde que pareciera ser como cualquier otra, el protagonista de película Blow up de Michelángelo Antonioni decide adentrarse en un parque para sacar fotos. Ahí fotografía a una pareja, creyendo que se trata de un romance. Pero después, cuando revela los negativos, descubre que lo que creyó ver es completamente distinto a lo que percibe a través de las imágenes que aparecen ante sus ojos como la revelación de un crimen que no percibió.

El protagonista se adentra en ese juego de imágenes borrosas como un detective que quiere resolver el enigma de aquella escena, guiado por un interrogante: ¿Pudo la cámara registrar la realidad de una manera más certera que su propia mirada? La fotografía como técnica representa la tentación de una manzana en el paraíso: la seducción está dada por un conjunto de imágenes que, de tan detalladas, se asemejan a la percepción que se tiene de la realidad. Pero las imágenes le muestran una realidad diferente a la de su percepción directa de la escena, capaz de ser inventariada en el acto perceptivo. Entonces multiplica las imágenes mediante copias y ampliaciones, afirmando su creencia en las posibilidades de la técnica fotográfica como registro objetivo, pero acercándose a su peligroso límite, donde linda con lo perceptivo. La última imagen que revela es la de, lo que supone, un cadáver. Pero es una fotografía que pierde su referencialidad: es una foto de una foto ampliada, cuyo grano le da a la imagen una forma abstracta.

Lo que se repite de manera obsesiva a través de las reproducciones es la cifra de una pérdida. Lo que sucedió en el parque pertenece al tiempo pasado y ni siquiera la fotografía puede retener lo acontecido tal cual fue. La repetición potencialmente infinita de las copias tiene en la película un carácter regresivo, que evidencia la imposibilidad de aprehender un acontecimiento en su totalidad.

Para el protagonista, las imágenes fotográficas ponen en juego la percepción de una escena y su retención en la memoria. No puede delimitar claramente cuándo termina el acontecimiento real y cuándo comienza la percepción. Queda imposibilitada la compatibilidad absoluta entre lo real y sus imágenes.

Como Julio Cortazar lo anticipa en el título de su relato, “Las babas del diablo”, hay algo de terrorífico en la percepción de una imagen que, pese a ser estática, se modifica con el tiempo. Cortazar dio un paso más respecto de la adaptación de la película a través de un giro fantástico, ya que la imagen cobra vida y empieza a reproducir sucesos no acontecidos. Se trata de una imagen fotográfica que actúa: no es independiente de la historia, se entremezcla con ella, la recrea. El pasado y el presente se resignifican a partir de la información que se agrega al modificarse la percepción lineal del tiempo. Se produce, a través del revelado, un corte en el tiempo, de manera tal que a partir de un momento dado se ponen en movimiento dos series alternativas de sucesos.

De esta forma, en el relato los conceptos de verdad y de real de la imagen como registro se relativizan. La realidad puede ser vista desde distintos ángulos y desde distintos tiempos. De hecho, la narración oscila entre la primera y la tercera persona porque el narrador ya no puede reconocerse en aquel que fue. Su pasado pertenece a un periodo de confianza en la imagen fotográfica como registro objetivo por sobre su propia percepción inmediata: “Pensé que eso lo ponía yo, y que mi foto, si la sacaba, restituiría las cosas a su tonta verdad”. Su presente, por el contrario, se caracteriza por una desconfianza absoluta. En apenas un par de días, desde que tomó la foto hasta que la reveló, se escindió en un antes y un después marcado por un abismo insondable: “Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada”.

Como en la película, el protagonista atraviesa una crisis del imaginario que proponía una representabilidad transparente. Lo real acontecido se torna algo inalcanzable no sólo desde la mirada humana sino también, y sobre todo, desde la imagen fotográfica. Esta imposibilidad frustrante lo hace arrojarse tras una imagen que siempre se le escapa, permaneciendo errante en su transcurrir: “ahora pasa una paloma, y me parece que un gorrión”. Si al principio aparece la fotografía como robo (“su cuerpo y su cara que se sabían robados, ignominiosamente presos en una pequeña imagen química”) del cual es culpable al intervenir activamente en la toma, posteriormente se invierten los roles cuando pasa a ser víctima de una fotografía viva que lo tiene prisionero en el rol de espectador: “Y yo no podía hacer nada, esta vez no podía hacer absolutamente nada”. También se invierte la temporalidad, ya que la imagen deja de ser una huella en el transcurrir del tiempo: “De pronto el orden se invertía, ellos estaban vivos, moviéndose, decidían y eran decididos, iban a su futuro; y yo desde este lado, prisionero de otro tiempo...”

A diferencia de la película, en que realidad y representación entran en una relación de tensión excluyente (el crimen, necesariamente, ocurrió o no, pero en ningún caso ambas opciones son posibles), en el cuento la representación instaura una simultaneidad perceptiva entre lo real y su imagen.
Autora
Sol Echevarría Sol Echevarría nació en Buenos Aires en 1983. Es licenciada en Letras (UBA). Escribe poesía, reseñas y crítica literaria. Publicó los libros de poemas Balneario (Zorra/Poesía 2006) y Postales (La propia cartonera, 2010), además de plaquetas y cosas sueltas. Colaboró en distintas publicaciones nacionales (Los asesinos tímidos, Plebella y Esperando a Godot, entre otras) y extranjeras (la revista alemana Matices) con ensayos y textos críticos enfocados siempre a obras de artistas argentinos contemporáneos. Fue panelista y expositora en actividades de difusión en ArteBa, la Feria del Libro, la Facultad de Filosofía y Letras, la Biblioteca Nacional y el Centro Cultural de la Cooperación, entre otros. Desde hace cinco años dirige la revista No Retornable, cuya propuesta es captar los movimientos del pensamiento y del arte que están produciéndose en este momento, y difundirlos.