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Ni "vuelta de la política" ni "impasse"
Darío Capelli y Florencia Gómez

Compañeras y compañeros del Colectivo Situaciones:

Acordamos en casi todo lo que ustedes dicen en su última expresión pública aunque nos gustaría compartir ciertas impresiones.
Entendemos que, en buena parte del texto publicado en Página/12 (06/06/2008), ustedes están discutiendo con la Carta Abierta/1 en la que nos pronunciamos muchos de los que de un modo u otro nos sentimos ligados al pensamiento y al trabajo cultural. Firmamos la Carta no sin alguna batalla interior. Creímos que había que hacerlo. Con o sin contradicciones pero, al cabo, firmar la Carta y, tácticamente, apoyar y participar del espacio que la impulsaba y que actualmente impulsa a escribir nuevos textos.
A pesar de nuestro convencimiento, al que creemos que ustedes del mismo modo corresponden, de que al arriba no viene mal ponerlo cada tanto nervioso, reconozcamos que una cosa es cuando lo hacen los de abajo con su movimiento real y otra, cuando lo hace una alianza de sectores que pueden o no, y en diferentes grados, ver afectados sus intereses económicos pero que, sobre todo, parecen no tolerar que el primer político del país sea mujer, peronista y, según ha dicho alguna vez, “setentista”. Amén de sus nuevas gramáticas, la derecha no deja que el polvo tape sus viejas mañas. Pero todavía más insoportable es que, setentista o no, peronista o no, mujer o varón, el gobierno, como ustedes mismos reconocen, “ha sabido leer los signos de una sociedad lastimada tras décadas de neoliberalismo, terror e impunidad. Y ha operado por la vía de una reparación simbólica y, hasta cierto punto, económica”. Esto, amigos, por poco que parezca es tan intolerable como las mismísimas retenciones móviles. Retenciones móviles que, por otra parte, al caer sobre los que haciendo nada más que esperar un cambio de vientos en el mercado mundial de alimentos, debieran equilibrar el desbalance ominoso de los bolsillos gordos y los vientres flacos. Aunque, también hay que decirlo, a los monopolistas del negocio alimentario -los que concentran el forraje de exportación o los que concentran la venta de semillas para la siembra- hasta ahora no se les haya tocado una moneda porque todavía mantienen las garantías legales para socializar hacia abajo, a manera de costos para los productores, los aranceles que pagan como derecho a la exportación.
Por lo dicho antes del “aunque”, es que firmamos la Carta. Y por lo dicho después, es que creemos que la Carta tiene aspectos y matices muy cuestionables y tiene, sobre todo, ausencias.
La Carta, la Carta que firmamos, nuestra Carta y la de más de mil trescientos compañeros, es cierto, ha callado en este punto que hace a nuestra seguridad alimentaria. Pero el espacio que la sostiene, a la Carta, es un espacio vivo y depende de las personas que lo nutrimos para que haya polémica sobre este y todos los ausentes en el texto; hace falta antes que toda otra cosa: polémica; polémica para recuperar, según ustedes la llaman, “la compleja variedad de interrogantes sociales que formularon las luchas, tanto en su irrupción como en sus repliegues y persistencias: preguntas en torno al trabajo asalariado, la autogestión, la recuperación de fábricas y empresas, la representación política, las formas de deliberación y decisión, los modos de vida en la ciudad, la comunicación, la soberanía alimentaria y la lucha contra la impunidad y la represión”.
No vamos a defender la Carta Abierta/1 si ustedes no están abiertamente cuestionándola. Por lo demás, como les decíamos, casi estamos en todo de acuerdo con el texto que han elaborado excepto por el reproche que se lee entrelíneas a quienes, habiendo manifestado una posición de apoyo al gobierno (nos da un poco de vergüenza agregar -aunque sea verdad- el adjetivo “crítico” porque los “apoyos críticos” solieron ser como paraguas para cuando empezasen a llover sapos); a quienes nos posicionamos apoyando críticamente al gobierno, ustedes nos reprochan, decíamos, favorecer de algún modo al debilitamiento de lo real político y abonar a la devaluación de lecturas que puedan hacerse de las experiencias más vivificantes desde diciembre de 2001.
Entonces, no nombran a Carta Abierta pero de hecho la objetan al cuestionar su posicionamiento básico.
Entendemos, sin embargo, que lo más discutible del contenido de la carta no es su apoyo a la legitimidad democrática de la actual gestión de gobierno que a su vez, con evidencia notable (a qué negarlo), se cierra sobre sí mismo “olvidando las redes comunitarias que son el origen de esa misma legitimidad” y “el principal recurso de recomposición de lo social, y fuente de nuevas posibilidades”. Por supuesto que para los que nos sentimos cerca del pensamiento libertario lo recién dicho es exacto: apoyar sin más al gobierno implicaría, como efecto indeseado, favorecer a lo que ustedes denuncian como “licenciamiento” del protagonismo social. Sea. Pero también es básico que si, aun olvidadizo de los acontecimientos que lo parieron, este gobierno –que suma a su propia auto encerrona, el accionar sin tregua de las viejas y nuevas derechas- se ve obligado como un perro loco a correr cada vez más en círculo tratando de morderse la cola, las posibilidades de que lo social se repolitice se van secando y las situaciones que abre toda crisis y permiten la intervención (que, por cierto, al interior del espacio Carta Abierta es horizontal y democrática) se cerrarían de manera todavía más drástica a como vienen haciéndolo hasta ahora.
No decimos que sea ahora o nunca pero ¿creen que si hubiera cambio de climas políticos tendríamos más oportunidades para nuestra participación que las que tenemos en la actualidad?
En este sentido es que entendemos, como ya dijimos, que la Carta Abierta tiene –ha demostrado tener-, un valor táctico: el gobierno supo de golpe y porrazo que los votos de octubre no le garantizan ni el corto plazo y que los números de la “hasta cierto punto” reparación económica no alcanzan para refrendar su legitimidad. La escena política produjo, así, vacancias de lenguajes que no son ni los de la mera juridicidad democrática ni los de la mera economía. Dado este tipo de crisis y las vacancias que produce ¿podríamos intervenir planificando obras públicas, diseñando programas asistenciales, asesorando al banco central o dando consejo a las aduanas?
Más bien parece que la tierra virgen que se nos abre es otra: la de la discusión cultural y la comunicación social. Si fuera que el gobierno simplemente “fallara” en sus estrategias de difusión de medidas, la verdad, compañeros, nos importaría muy poco; que se arreglen con el asunto los apuntaladores de imagen. Problema más grande es que para que se produzca la crisis actual, que es más grave que su disfraz de obtusa necedad para la negociación de los figurantes “gobierno” y “campo”, tuvo que producirse previo (como condición de posibilidad tanto para la crisis como para su disfraz) una ecuación a suma cero, que más bien parece un triángulo de las bermudas por el desencuentro, dijimos desencuentro y no desacuerdo, de sus vértices: queremos decir, el movimiento social real, el estado y el activismo cultural. A cada cual le corresponde lo suyo en el desencuentro y cada cual, también, debe asumir la tarea de aportar a una nueva cita (ya sea para acordar o ya sea para desacordar). A nosotros, nos atañe, tal vez, si no la más, unas de las más difíciles: romper el hechizo que nos invisibiliza a unos de otros. Si gracias a la Carta Abierta, el gobierno para la oreja (de hecho, nos consta que la paró) y llama a nuestros compañeros más referentes para dialogar y en ese diálogo podemos expresar no solo lo que el gobierno quiera escuchar sino además, entre otras cosas, que el movimiento social es mucho más dinámico (por lo imprevisible aunque no siempre por su vocación transformadora, como lo demuestra su etapa actual) e irreductible al sentido que las organizaciones sociales oficialistas pretenden ya desde la pompa de sus nombres; si gracias a la Carta Abierta podemos instalar algunas de estas cuestiones en la discusión pública y las agendas oficiales, entonces, quizás, podamos a la vez que dar pelea por el significado de todo signo que circula en la comunicación, incidir en los mecanismos que construyen los sentidos de la solidaridad social; en otras palabras: a la vez que “entrar” a la opinión pública, “salir” a lo social y su real movimiento para contribuir a la reconstrucción o construcción de las nuevas tramas de interrogantes que, como ustedes dicen, irrumpieron en diciembre de 2001 pero que actualmente sólo persisten replegadas.
Ustedes se preguntan si “vuelta a la política” o “impasse”.
Tengan, por favor, en cuenta que a muchos compañeros, que reflexionan y actúan desde un piso de experiencias que no es el nuestro, hace tres meses se les dibujó en la cabeza un paisaje golpista ante el cual reaccionaron de manera casi automática. Fue interesante discutir con ellos en los encuentros preparatorios del texto de Carta Abierta/1 acerca de una necesaria permutación léxica -y no tan sólo permutación léxica, pues además se trató de un verdadero ajuste en la interpretación de los sucesos- que reemplazara la palabra “golpe” por la fórmula “clima destituyente”. Por lo que se les dibuje en la cabeza, por su pertenencia generacional, por la espesura de sus experiencias y por la gravedad de sus esperanzas falladas, no podemos cargar contra los mismos compañeros por sentirse como “volviendo a la política”. Ustedes lo saben y nosotros, también: ninguno de ellos ha dejado nunca de dinamizar espacios de invitación a la reflexión política y hoy son de los más activos militantes de este espacio; son también los milicianos rampantes de la igualdad de derecho a la palabra.
Aún con la timidez que suscita la barrera generacional y la diferencia notable de experiencias, quisimos, y nunca se nos inhabilitó, debatir las razones del cierto desagrado que nos provocaba que una de las tesis principales de Carta Abierta/1 hablara de un “pasaje a la política”. Dimos la discusión y, por la expresión que ustedes hicieron pública, entendemos que hubieran hecho lo mismo aunque es una pena no haberlos encontrado en las reuniones.
Esperábamos la posición del Colectivo Situaciones y por eso nos gustó saber de ustedes. Pero estamos convencidos de que si bien no es una vuelta de la política, porque nunca nos fuimos de ella o, en mejor caso, porque siempre estamos volviendo, tampoco se trata de un impasse. Sobre todo porque, quizás, sólo –pero nada menos- se trate de que esta vez tenemos una oportunidad.