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Tres delicias para deleitarse
María Ximena Venturini*

Acerca de Tres mundos
(Editorial El Escriba, 2008)

Profesor - el universo entero se ha dividido en tres mundos. Vivimos en el mundo central. Esto tiene las islas innumerables y los mares que se cercan. En el centro está el dweep de Jambu, que es rodeado en todos los lados por el mar de Lavan. Todo alrededor de esto está la isla de Dhatkikhand, rodeada por el mar de Kalodadhi. Entonces hay isla de Pushkarvar y mar de Pushkarvar. Esta manera, allí es islas y mares innumerables.
Veetrag Vigyan Pathmala

Tres mundos es una antología editada por El Escriba que da cuenta de la producción de los integrantes del grupo literario Alejandría. El colectivo, nacido en el verano del 2004/2005, comenzó sus ya clásicas “Noches de cuentos” en el Bar “Bartolomeo” en marzo de 2005. Alejandría funciona con una mecánica sencilla que busca reencontrar textos y autores, peleando contra la soledad del acto propio de la escritura. En el 2007 el grupo fue becado por el Fondo Nacional de las Artes y presentaron su primera compilación, llamada El impulso nocturno.
Pero es con Tres mundos que Clara Anich, Juan José Burzi y Edgardo Scott, los jóvenes escritores que fundaron y aún hoy integran el grupo, nos presentan ahora sus propios textos. Partiendo desde la magia del número tres –el número perfecto, la trinidad cristiana- se nos entreabre una puerta a tres distintos universos, donde el voyeur curioso –y perverso- entra, se entretiene y sale feliz. Son siete relatos, incluido un fragmento, más un monodrama en un acto.

Pensando en “Noche para dos”
Anich presenta dos textos, “Noche para dos” y “Norma-Monodrama en un acto”. Es con la escritora feminista esposa de Sartre e ícono de los movimientos para la liberación de la mujer en los ´50 con quien Anich enmarca su texto. Una vez dentro, un “ella” genérico es la protagonista junto con un “él”, un “otro él” sin nombre, una conjunción de algunos que son todos. A la manera de Baudelaire y su spleen parisino, la presencia intensa de un yo que mira y es mirado, construye su propia identidad, desde las miradas de ese “él” ajeno. Relato intenso, íntimo y profundamente melancólico, como ese color negro que atraviesa todo el texto, cada vez más, como un laberinto donde el Minotauro no es más que cada uno de nosotros: “es negro, no tan negro como su pelo pero un poco más negro que sus ojos. Un negro algo grisáceo, un negro que perdió negrura con el correr de las noches” (Pág. 13). “Pero a ella le gusta consentir, entonces unos zapatos negros estos si bien negros la separan apenas del piso, lo justo para no mojarse, lo justo para ese dedo” (Pág. 15). Finalmente, el texto se cierra con muchos infinitos tal vez que sueltos en el aire se multiplican: “tal vez el hombre busque otra flor, tal vez vuelva a su casa o a una casa, tal vez lo espere una mujer, un hijo, tal vez la soledad de una cama. Tal vez la lluvia que no será esta noche, el viento que sólo por un instante golpeará contra su ventana” (Pág. 17). ¿Metáforas sobre el amor? ¿De la búsqueda de sí misma? Como todo buen escritor, Anich nos deja con ganas de más, nos regala un personaje tierno y delicado que termina aguardando, como en el mito del eterno retorno, que todo empiece una vez más.

Pensando en “Mil ojos”

«Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: "Es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías Heteo"» (2a de Samuel 11:3).

Juan José Burzi nos presenta también dos textos, “Mil ojos” y “fiesta”. Su primer relato podría definirse como un sueño pesadillesco. El paratexto pertenece al gran filósofo y héroe de la resistencia francesa Jean-Pierre Vernant, que nos habla ya de la mirada de la Gorgona (1). De nuevo, como en el universo de Anich, aparecen ojos que miran escrutadores, pero ahora se trata de una mirada adversa. El texto está impregnado de un in crescendo siniestro (2), extraño, que va poniendo incómodo al lector, llevándolo casi a la desesperación. Ubicado en un ambiente marginal –una especie de cabaret mortuorio- se mezclan costumbres eróticas del oriente con occidente. El nombre de la protagonista de origen hebreo –oriental-, Betsabe, nos connota ya el pecado, el adulterio. Aquí también hay un hombre que desea a una mujer y el apetito de lo prohibido, la ambición de miles de miradas hacia lo vedado. Por momentos pareciera ser un gran cuadro decadentista de fines del siglo diecinueve –la imagen del banquete sobre el cadáver-, finamente cincelado por la delicada pluma del autor, donde el opio, el sueño, la pesadilla, el sexo, el placer, lo prohibido, la muerte, la noche, son la materia del cuento. Con elementos del movimiento romántico, llegando muchas veces a lo gótico, Burzi se luce como gran conocedor del oriente y nos presenta un relato intenso, penetrante, vivo, asfixiante hasta el agobio, pero que como en toda buena pesadilla nocturna, promete el lector muchas alucinaciones posteriores.

Pensando en “Buceo”
Edgardo Scott exhibe cuatro textos, “Buceo”, “Los hermanos”, “Meditación de la bestia (fragmento) y el relato que cierra la antología, “Uvas”. El protagonista de “Buceo” es un hombre de familia ¿aburrido? que sale de la rutina familiar en busca de aventuras. El relato se abre con Alejandro que espera ansioso mirando lo celeste del cielo. La aparición de la naturaleza, la necesidad de, se plasma en la historia de un hombre que vive en un departamento. Tanto sus compañeros como él, se excitan ante la proximidad del trato con lo salvaje. Mientras que observa desde la arena el azul del mar, imagina –mirando su reloj, elemento tiránico y propio de la vida rápida de la ciudad- la rutina citadina de su mujer: “Puede imaginar a su familia, a su mujer y a su hijo, caminando por un centro comercial probablemente acompañados por una amiga o por la hermana de su mujer” (Pág. 72). A la par, los hombres se quejan del frío; como si sus cuerpos ya no estuvieran aptos a esos climas salvajes… como si hubieran perdido el contacto con esa naturaleza amenazante –inmensa, enorme, interminable como el océano- que los ataca (y vence). Es revelador lo que impresiona al personaje, que es nada más y nada menos que los restos de un barco hundido que sirve de testimonio de hombres y de una época perdida, el tópico grecolatino del tempus fugit, la conciencia de la insignificancia de la existencia humana:
“A Alejandro no lo impresiona tanto lo que va observando, ni la idea del barco hundido ni el deterioro general sino el hecho de que esa misma mole absurda en otro tiempo, hubiera pertenecido a la superficie, y hasta hubiese sido una máquina de navegación poderosa, con tripulantes en cubierta y decenas de containers que alojarían juguetes o muebles o esmaltes de uñas o cualquier cosa, a la vez útil e insignificante, que ocupa los espacios de una casa, de un negocio o de una vida” (Pág. 74)
Un grito de Carpe Diem, la búsqueda de vida en la vida, el encuentro con el entorno salvaje y el regreso inevitable al mundo de la ciudad, cierra el relato. La historia de un hombre que se entrega, que se deja llevar; un soñador que se duerme soñando.

Notas
(1) Según la mitología griega las Gorgonas eran tres hermanas monstruosas llamadas Esteno, Euríale y Medusa. De ellas, Medusa era mortal, las otras dos inmortales. Las tres tenían el mismo aspecto espantoso: las serpientes se enroscaban por encima de sus cabezas y alrededor de sus cinturas, poseían alas, garras y unos afilados colmillos.
(2) Freud define lo siniestro (o lo ominoso) como algo (un hecho, una realidad, una persona, etc.) que, en algún momento fue cotidiano o familiar y luego deviene extraño. El término utilizado por Freud es Unheimlich (siniestro u ominoso) en donde un- es prefijo de negación y heimlich lleva por significado conocido, familiar. Pero a través de todas las acepciones de la palabra en varios diccionarios, Freud descubre que la palabra heimlich también asume el significado opuesto: Unheimlich: “De esta larga cita, lo más interesante para nosotros es que la palabra heimlich, entre los múltiples matices de su significado, muestra también uno en el que coincide con su opuesto unheimlich. Por consiguiente lo heimlich deviene unheimlich.” Sigmun Freud, “Lo Ominoso”, En Obras Completas Vol. 17, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1976. P. 224.
*Autor
María Ximena Venturini nació en Vicente López en 1984. Estudió Derecho, Cs. Políticas y actualmente cursa el último año de la carrera de Letras. Agradece haber tenido la distinción que significa que maestros como Alberto Laiseca y Solange Camaüer oyeran sus textos. Actualmente conforma junto a sus amigas el Colectivo Literario La Quetrófila con el que, invitadas por el Centro Cultural La Sebastiana, van a presentar en agosto su revista y a maravillarse con la poesía chilena.
Mis blogs: www.laquetrofila.blogspot.com / www.eltenderetenet.blogspot.com / ositomelomanoyasesino.blogspot.com