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Dividir para intentar cautivar
Fernando Lozano*

sobre Pueblo de agua de Pablo Queralt
(Alción, 2007)

La poesía argentina escrita de hoy es el género literario más enigmático. Creo. Exhala tanto una demostración de seriedad o altura que deviene a la creación de la figura más que narcisista del poeta como el gran erudito, como una sumisión a los principios de los bajos mundos, de los excluidos, de los espacios de lo llamado popular, de lo imperfecta y humanamente correcto.

La poesía argentina escrita de hoy es el género literario más enigmático. Creo. Exhala tanto coherencia en cuanto al uso y a la consecuente fuerza de las palabras, como incoherencia total de argumento, donde los versos, clásico o libre, pueden ser amalgamados uno a otro y formar una supuesta seguidilla amena, que deleite, que mantenga sentido, que logre cautivar.

En su Pueblo de agua Pablo Queralt reafirma estas dos premisas.

Por un lado, el enigma de la seriedad y la no seriedad está presente. Es constante la extrema necesidad de marcar que el poeta se mezcla con las distintas esferas de las artes en su versión elevada-canónica. Como la plástica nombrando a Cézanne; como el cine haciendo referencia a Pasolini; como la misma literatura con Dante, Colombina y un sin fin de deidades o personajes de procedencia mitológica variada. Queralt no escatima en demostrar que este tipo de expresiones artísticas son de su interés, que no pasan como una ráfaga delante de sus ojos, sino que cumplen la función de estacas. Pero están presentes las artes bajas-mundanas: desde la reseña a Un ángel para tu soledad de Patricio Rey y su Redonditos de Ricota, pasando por la pseudo-transcripción de un cántico dominguero, culminando, en ciertos y contados momentos, en un voseo desprendido de un tuteo también mínimo. Las últimas referencias son tomadas como otros: como notas de color obligadas; como un conjunto de un algo que denota un pintoresquismo constante, del cual no se puede escapar.

Por otro lado, el enigma de la coherencia y la incoherencia está presente. Cada palabra está colocada en un lugar preciso. Se nota un interesante afán de revisión y visita constante a los variados significados, a la imagen detenida en papel. Una simple pregunta desarma esa casa que parecía tan bien apuntalada, que termina formando parte de las tan actuales y comunes construcciones poéticas de naipes: ¿puede seguirse un hilo, un argumento, más allá del ya muy trillado “angustia del poeta”? Pocas veces. En ninguno de los dos extensos poemas, La casa y Pueblo de agua, se termina de sacar una conclusión lógica o extensa. Los versos son retazos de una gran tela de contenidos que yerran en un mar de papel impreso.

Queralt busca, parece, nivelar los extremos, logrando, sin quererlo supongo, un resultado que resalta en vacíos, la misma que con rumbo incierto busca su espacio, su guía. Pero que se enfrenta ante la variedad que deviene un desértico páramo. Como bien lo resumen las mismas palabras del autor: ¿cómo escribiré esta ausencia? Contesto: este tipo de ausencias mueren. Deben finalizar lo antes posible.

*Autor
Fernando Luis Lozano: nació en Buenos Aires en 1981. Actualmente estudia Letras en la Facultad de Filosofía y Letras, U.B.A. Trabaja como adscripto en la cátedra “Problemas de la literatura argentina” dictada en la misma Facultad, a cargo del Dr. Eduardo A. Romano. Comenzará la dirección de la colección de literatura de la editorial “Las 40”, http://lascuarentalibros.com.ar. Es cofundador del grupo interdisciplinario CRUCE, http://grupocruce.blogspot.com.