Volver Menú
Instinto en construcción
Nurit Kasztelan*

sobre Los animales, de Cristián De Nápoli
(Ed. Bajo La luna, 2007)

Una buena forma de entender la propuesta de Los animales es empezar por uno de sus poemas: “Volviendo a la fábrica de nuestros juguetes”, donde leemos:

“Yo empezaría mi biografía con eso,
siempre es bueno arrancar por materiales desclasificados”.

¿Cuáles serían, entonces, los materiales con los que Cristian De Nápoli arma su poética? Los animales se distancia del registro de sus libros anteriores, volviéndose más lírico y autobiográfico, como si hubiese existido un replanteo acerca de cuáles son los materiales con los que se construye la poesía. Pareciera que estuviese siguiendo los consejos de Rilke en las Cartas a un joven poeta: “Describa...valiéndose, para expresarse, de las cosas que le rodean....Y de todo cuanto vive en el recuerdo...¿no le quedaría todavía su infancia...? Vuelva su atención hacia ella.”.
Sin embargo, lejos de una idealización: “La infancia es lo no tendido / y esta cosa, mientras pienso en el calor, / armoniza con la infancia en tanto modo de despertarse.” hay un cuestionamiento acerca de la misma: “...evidencia de que la infancia / también fue un esfuerzo”. El cuestionamiento parte de la escolarización, ahí es donde el yo lírico se ubica en el lugar del adulto que con varias lecturas encima afirma: “No es un valor la escuela, / no hay nadie que pueda definirla por oposición / porque de todo se aprende”.
Al final del libro se refuerza este movimiento con un apéndice que se titula “Soluciones frente a la educación”:

“Pienso en las cosas con las que me imagino
la escolarización acabaría. ... los libros que buscan fomentar. Este libro.”

Quizá este libro podría inscribirse en la tradición de aquellos que tienen plena confianza en la palabra escrita. Sin embargo, hay una especie de contradicción en el hecho de haber agregado el apéndice. Porque indica, asimismo, cierta desconfianza en la poesía, como si el libro por sí mismo no hubiese sido suficiente, como si hubiese existido un deseo que no se cumplió con los poemas y por eso el apéndice viene a reponer lo que no se dijo de otro modo. Hay una oscilación entre esa necesidad concientizar a los lectores y en el gusto amargo que deja la literatura, que se convierte finalmente en “cosas sin necesidad de esclarecimientos” (1).

La modestia como poética de turno

“En tiempos duros, época de insertar
versos enclenques en la puerta de la heladera
....
en tiempos duros, época de conservar
poemas inacabados en la ilusión”

Estos versos funcionan como una proclama: es hora de moverse del lugar sagrado donde se suele ubicar a la poesía. Hay un doble juego en esta frase; por un lado, la personificación de los versos que se vuelven “enclenques”, débiles, por el otro, los versos se cosifican, se vuelven un objeto que se inserta en la heladera, como si fuesen imanes, lo que les transfiere la capacidad de atracción magnética. Por eso el gesto doble: desacralizar la escritura y a la vez sacralizarla.
En el paralelismo de la construcción sintáctica, llaman la atención las palabras aplicadas a la poesía, “insertar”, “conservar”. La elección de los verbos y el uso del infinitivo se suman a la idea del texto programático, y a su vez resaltan una concepción de la poesía como algo que se impregna y a la vez perdura; dejando entrever la idea de la poesía puede “salvarnos” en los “tiempos duros”. Sin embargo, la misantropía y la desconfianza de la literatura se hacen presentes en la voz que enuncia: “La escritura es trazo, pero el trazo no es imprenta. O en todo caso la derrota”

Genealogía animal

Los animales alterna entre un uso coloquial del lenguaje (“ahora vayan y pónganles la mano / ahí abajo, van a ver cuanta agüita / que les chorrea”) con descripciones físicas del paisaje (“Fue comisaría, fue sede para el club de barrio … luego se convirtió en concesionaria de autos”) y quejas frente a la situación actual del país (“Duele verlos cumplir los once, los doce, y que aún les quede / entrar y salir de otras cosas que el mercado.”)
La necesidad de armar una genealogía propia se hace presente. Quizá por eso, De Nápoli usa un epígrafe de Rodolfo Walsh, menciona a Isidoro Cañones, (el personaje de historieta creado por Dante Quinterno que le huía al trabajo y era un estafador profesional), nombra como referente a Nicolai Chernishevski, (que concibió a la literatura como un medio de acción social, rechazando toda forma de estética), y confiesa que posee como marca “la Obra completa de Juanele”. Asimismo, en la serie “Adherencias e incrustes” nos enfrentamos con dos traducciones de poemas de William Carlos Williams.
El poema “El estudio” lleva un epígrafe: Porque has puesto a mi esperanza por tu habitación. Si bien esta alusión no es evidente, el hecho de que esté en cursiva invita a buscarle una filiación; la referencia es bíblica. Pero en la reescritura del salmo de David (“Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, / al Altísimo por tu habitación” (2)) hay una elipsis: la mención de Jehová y del Altísimo. Tampoco se hace mención del corolario del salmo: “no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada”. La ironía con que empieza el poema “El Altísimo/ estudio de él” no solo repone la elipsis sino que marca un camino de citas encubiertas; como la alusión indirecta a Philip Larkin en el poema “La vida de pueblo como presunción del poeta urbano”.
La posición anafórica de la palabra frente: “frente al error de traducción de Gombrowicz, frente a la coma mal puesta de Arlt” nos remite a una línea de poemas que plantean una postura programática e incluyen un “nosotros” implícito muy fuerte. De esta modo, se posiciona de forma análoga a cómo se posicionaba González Tuñon con su poema “Contra”; aunque el “nosotros” que plantea De Nápoli “Aislados, durmiendo de día, mil muecas, mil mentiras” sea diferente del “nosotros” que planteaba Tuñon: “Formemos nosotros cerca del alba matutina / las brigadas de choque de la poesía / demos a la dialéctica materialista el vuelo lírico de nuestra fantasía”.
Retomando la perspectiva de lucha que se desprendía del título de su último libro, El ring, la idea de la literatura que se trabaja en Los animales es la que sienta posiciones con “la violencia de un cross a la mandíbula”. Es la frase “rajá, turrito, rajá” lo que marca “el fin (o el carpetazo) de la adolescencia”.

Cultivar el resentimiento

Si pensamos en una frase como “Eligen una cosa que ustedes quieran. O a la que tengan rabia y sobre eso escriben.” como la que escibe David Viñas en Un dios cotidiano, podríamos pensar que la escritura de De Nápoli se constituye también en ese movimiento de escritura a partir de la rabia. Sin embargo, si en Viñas la rabia aparece acompañada de una prosa crispada, la resolución de esta rabia en Los animales es inversa: cuanto mayor es el resentimiento, más llana se vuelve la escritura y crece el uso de la rima como principio constructivo. Esto sucede en algunos poemas, como en “Envío: Villa Luro”, donde leemos:

“Sobre este barrio escribió Jorge Luís Borges,
que a veces salía del centro a “sentir las orillas”.
Donde había escuelas públicas, él proyectaba barbaries
y le salió de maravilla”

En este caso la ironía suele ser demasiado evidente, por lo que el poema pierde su fuerza contestataria y corre el riesgo de caer en un lugar común. Quizá el cinismo y la crítica social funcionen mejor con una escritura más hermética, como en el caso de este retruécano: “Es que hay tanta gente que crea distancias falsas / como gente cuya mayor autenticidad es una distancia falsa.”

En los poemas de De Nápoli el resentimiento recibe una valoración positiva y funciona como materia de escritura. En el poema “Escuelas de Buenos Aires” leemos:

“No sé de qué se trata el resentimiento del talento.
Sólo conozco el resentimiento social
....
Mi tercera escuela es la melancolía, amiga–enemiga del sueño.”

Finalmente, podemos pensar que los versos del poema “Nicolai, Inessa, La universidad” iluminan la poética que sostiene el libro, en concordancia con la posición de Dé Napoli en relación a la literatura: “Aborrecer cada cosa, cada palabra / inútil para movilizar una pasión”.

Notas
(1) El libro se cierra con este párrafo: “..al Estado le corresponde...dar la simple garantía universal para que todos podamos producir eso que en un contexto óptimo...también da sentido a la literatura: cosas sin necesidad de esclarecimientos.
(2) Salmo 91, Libro de los Salmos
*Autor
Nurit Kasztelan nació en Buenos Aires el 16 de septiembre de 1982. Es licenciada en Economía y estudia letras en la Universidad de Buenos Aires.
Publicó Movimientos Incorpóreos en el 2007, por la editorial Huesos de Jibia. Poemas suyos aparecieron en las revistas No-retornable, 150 monos y Esperando a Godot.
También colaboró con reseñas para las revistas virtuales El interpretador y No-retornable. Desde mayo del 2007, organiza el ciclo de lecturas de poesía La manzana en el gusano junto con Heber Ortiz, Lisa Cargnelutti y Germán Rosati. Su blog es www.escribirenelaire.blogspot.com.