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Desandar el camino de las rocas
Noelia Vera*

Desandar el camino de las rocas

Sacamos los jazmines del metegol
y a tu salud, bien a la sombra,
jugamos todo para matar las ansias de las mil y una tardes:
saber el sexo del año de la cría, volver a casa, pero antes encontrarla
¿no fue la siesta tan larga estos días
que olvidamos las migas: el camino hacia atrás?

Mejor no pudo ser, mamamos prolongado, despertamos hoy:
años después: ya veo el horno donde vamos
a hacer explotar brujas. Así nos lo leyeron
los números, las cartas.

Bueno, vamos! la carrera: en bici cuando huyo de los teros
de mis miedos)
seguí la pista en el pasto para acabar
en ruta Norte, hacia la punta vertebral.

Como si fuera

fácil fácil fácil
huir del bosque encantado
hacia la Ciudadela cuando clausura el año.

Tengo en la panza
la cola de un vaso conectada al suelo
no quiero leer más clasificados,
solamente alquilar el ritmo
de los líquidos salinos por un rato
¿lo escuchás?
nuestros vecinos cantan.

Y todo lo que se parece en transparencia

O sea, ahora que la hiedra crece
untamos cada noche el pan de cebolla
en manteca y corazón de tomate fresco,
qué bien se siente este encierro de enero
ahora que vimos todo.

Una mano salvadora se entregó a la imagen
y giró su columna para redimir los ecos
en la tarde de la postergación

esa mano puso a sonar
el mundo en off.

Lucha, soberana del ritmo

Son las horas magras de la productividad,
el mundo tiene un mes y pico,
el pico de la historia se reduce a eso
a mirarse el ombligo salido,
echar farm x, alcohol, suspiros

la calle está a nuestros pies, trece pisos más abajo se derritió la nieve
y aquí estamos nosotras de veranito en julio
vos a fuerza de succión trabajás duro para cobrar en $ueños
yo velo al lado de tu moisés, te doy la leche:
lo que no duermo
a cambio tengo la casa apartada de la guerra
cuando un lactante ríe, descubrí,
los interiores prenden

como vos ahora, ves? prendida a mí,
creyéndote los cuentos: falta poco
acaba el día, pongámonos los buzos
de tu padre para olerlo
vas a oír de nuevo el ascensor

son él, las bolsas,
el sudor por vos,lo diario es el precio de tus deseos tácitos
voy a darte el beso en el hígado, dice él
¿me esperabas? toda una vida yo.

Sin concesiones, por convicción

Cuando todo tiemble como ahora lo rígido hecho de verbos
de estas cuatro paredes de papel secante, se me ocurre podríamos
salir, inflar la nube de historieta sobre la cabeza
y mirar adentro la figura de la calma: un poroto se hincha
y sabe como pan de dios, poroto de manteca...

ya en la calle envolvernos vos y yo contra el viento
eso que todo se lo quiere llevar
¿se lo viene a llevar! es un aliado del tiempo

en la placita de Bulnes, el arenero está lleno
de volquetes infantiles, de triunfos venideros,
de palomas puestas a descansar que es necesario observar y que yo veo,
algo te comunican, lo sé, como siento también que podés
aprender mucho de ese gesto que entrenás, niña dormida abrazada
a tu tortuga: contagiate de su no velocidad, fuerza útil contra todos
los Aquiles y sus causas, yo en cambio quedo
tan afuera de ese interior rico, mudo...

Ahora, entre los árboles con su movilidad
y mi vida quieta ¿qué te conviene elegir?
ves el reflejo de tu perfección en ellos y reís, tas hecha,
sin embargo debajo de mis lentes de sol,
hay un arroyo importado de lágrimas

por eso está muy bien que no lo sepas todo
porque el humor cabe últimamente en nuestra elección de banda
de sonido: dejémonos, dejémonos rodar,

va a ser un temblor bueno, un gran abismo de brotes se intercala
somos translúcidos, permeables.

Natividades

ni ahí, no pasó, es hasta reyes
la línea rasa de los nacimientos, hay luz de vela entre las mesas todavía,
decís, nenito y expectante, que no culminó nada,
ni las líneas de crayón que hice en el piso se borraron con el baile.
No hay trabajo en la oficina acumulado, ni escrituras,
si no queremos verlo, solamente basta
destaparse el ojo izquierdo abriendo un dedo: ver
los juguetes nos inundan, caídos recién del árbol, maduros, mayores
que nosotros dos: que yo, como una moza que pasa entre las mesas
sin la vista alta y atenta (que no la llamen!) pero fija en las baldosas,
chupada en las estelas de su noche anterior,
sin uniforme, cuando hubo fiesta tranca

estabas a la espera, cuando hablabas,
de tu viento fiero, el que te arranque de la genealogía,
que te lance a la vida como al suelo,
pobre rama, pronto
habrá humedad de la que es sana, humus de todos los ciclos calcinantes,
ahí donde la infancia tiene fecha de vencida...

estaban las preguntas y yo sin formular, no es tiempo
de dejar para mañana las tareas, traemos a la mesa plasticola
para untar las etiquetas, hay una o dos por cosa,
nuestras manos a la obra en construcción,
de lejos, vemos a todas nuestras ex-
caras de vaca entre las filas del ganado
que está por ser la piel marcada.
Nosotros ya tenemos un nombre izado a fuego,
analogía, desempeño, cruje el tiempo y es terrible
cuando mueve su piqueta...

Memento

Se pregunta cuál es la frase que por su bien debería ir a tatuarse

Hace noche mansa, la despierta el roce de una pluma en las narices.
Son las doce, hay en el aire cierta indecisión
sobre prolongarse hasta una madrugada activa
o sellar el día pasado entregada afectuosamente a la conducción-
"haremos posibles tus sueños inmediatos"-.

No hay dos partes en la emisión, ni nombre de guerra tienen:
los usuarios paladean el almíbar de las tortas bancarias: crédito-hipoteca.
Hace décadas querían los jóvenes patas para arriba el mundo,
hoy nos dan vuelta con recibos negros y la muerte llega
con la peste de intereses; el neto es rosa chicle,
un dibujito que se estire y no es que todo pase
por un vestido ajustado a la cintura, falda en A, collares. No.
Es que nos atañen las necesidades básicas,
el vaho que ventilan las lenguas populares, lo que las pone:
medidas como la tarifa reducida de la nafta, romances,
carne y cancha de primera el domingo. El resto es lo que los niños
en la otra esquina gritan:¡ gato, gato, gato!
o ¡burgués! que es un insulto arcaico.

El hilo siempre detrás de la labor y no hacia quien trabaja

Y si abrió el libro de las bocanadas,
con los párpados caídos con asombro
supo por primera vez lo que pasaba adentro,
un mapa de humo sostenido eterno: una espera férrea.
Y si lo cerró, se dirá mañana, inoportunamente,
a última hora en el casi casi,
la enmienda es la esperanza de mi fe más vieja,
no dan los parches ¡llegó tan tarde!
mi capa adora ahora su agujero.

*Autor
Noelia Vera nació en Buenos Aires en julio de 1980. Estudió Letras en la UBA y formó parte del staff de la revista Zona Churrinche que ya no sale. Escribió reseñas y artículos pretendidamente críticos en publicaciones amigas. Hace un par de años escribe poemas y los cuelga en su blog: www.elbauldelosjuguetes.blogspot.com, es una manera de pasar el tiempo. No tiene libros publicados a la fecha.