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Un poeta desarraigado que intenta resistir al Amor
Guido Arroyo González*

-análisis de “Prosa en el Otoño de Gerona” de Roberto Bolaño-

Febrero en Santiago: las calles están más vacías que nunca. El aleteo de los pájaros parece un mantra venido de otro tiempo. Leves ruidos de autos, murmullos eufóricos de adolescentes que fuman pitos. Se desprende la hoja de un Canelo, ¿cae a tierra?... De tanto en tanto, aparece una revista en el medio local que tiene un contenido interesante. Al menos un poco más de lo exhibido en noticieros donde la gente feliz dora sus espaldas en las playas. Y en este verano, el recién pasado, apareció un reportaje predecible en una revista impensable. Fue en Paula (1), publicación demodé cuyo contenido cultural no supera las entrevistas a actrices que hablan de moralismo, de liftings o viajes hacia las zonas de África donde no exista guerra civil -evento que nunca es noticia. Pese a todo, en la portada, como último destacado, se anuncian las cartas inéditas de ROBERTO BOLAÑO.
Cartas inéditas, a quién se las envía, cuál es su valor?
Se trata de seis cartas que un joven y delirante Roberto Bolaño envía a sus primer editor Juan Pascoe, entre los años 1977 y 1981, justamente la primera etapa de su llegada a España y su periplo por Europa. Pascoe dirigía un mínimo sello editorial, que se había arriesgado a publicar gratuitamente el primer libro de poesía (Calypso) del Infrarrealista. Allí, en esas raras epístolas, Bolaño enumera el listado de sus prioridades: Después (primero) YO MISMO, ese amigo poco lúcido. Después mi poesía. Después me voy a resucitar en el seno de un ovni. Después una muchacha me despertará y dirá que he hablado dormido, y dirá amor y yo diré que dije y ella dirá no importa duerme un poco más. Después un rock frenético con el travestí Einstein; Bolaño le comenta su cotidianidad en Barcelona: No he dormido en toda la noche. Triana y Charlie Parker comunicándose conmigo por medio de pictogramas telepáticos o sea: venados mordisqueando la foto de Charles Baudelaire que tengo pegada en la pared, colinas de niebla permanente, labios entreabiertos en un lenguaje de cristales-noche en vela alucinando amantes, piernas, suspiros; Bolaño apela a José Donoso: Pero yo no entiendo a estos novelistas ignorantes del arte de la Juglaría; Bolaño utiliza precaria retórica para persuadir a Pascoe que edite su segundo libro o un libro que hizo junto a Mario Santiago y ante la negativa silenciosa del editor termina diciéndole: Mira, tus libritos son una mierda, probablemente Calypso (su libro) también, pero tu carta está viva. La sexta y última epístola la escribe perfectamente borracho a las 3:00 a.m y concluye así: y los relámpagos tintos se derramaron entre… nuestras ingles…
Más allá del patético vouyerismo que significa la publicación de estas cartas, que constatan la abrupta fama que hoy por hoy recae en un escritor que seguramente lloraría bajo la sombra de su estatua si viera el logotipo en que lo han transformado, encontramos una precioso verso: La vida es nuestro canto en la fracción de tiempo que nos toca…Esta frase tiene mucha relación con el último poema de “Prosa en el Otoño de Gerona”: Esta esperanza yo no la he buscado. Este pabellón silencioso de la Universidad Desconocida. La desesperanza y lo efímero resultan ser un hilo conductor entre estos versos, no exentos de tremendismo. El desasosiego como rasgo asentado en la personalidad del sujeto (un tanto romántico), cuyo ojo enfoca situaciones efímeras, mínimas y sutiles.
Como es sabido o como debería recordarse más a menudo. Bolaño antes de ser un novelista long seller, fue un poeta neovanguardista romántico, con todo lo bello y lo triste que ello implica. El patetismo de su personalidad queda expuesto en las cartas antes mencionadas, donde se devela a un ser delirante que intenta escribir una poesía 100 % diferente a la que me precede. Desde allí podemos leer la propuesta escritural de Bolaño, cuya obra intenta representar a una generación de jóvenes que depositaron su fe en la poesía, en la revolución, en el acto de pegar sus mejillas desnudas frente a la muerte.
“Prosa en el otoño de Gerona” apareció publicado por primera vez en el volumen de poesía “Tres” (Edit Acantilado, 2003) para luego ser incluido -por el mismo Bolaño- en “La Universidad Desconocida” (Edit Anagrama, 2007). El libro contiene 35 fragmentos, rayanos entre la prosa y la poesía (2) -como casi toda la obra de Bolaño-. En ellos se muestra a un personaje que se desdobla del autor, y que narra sus erráticos acercamientos hacia la desconocida, personalidad amorosa que está presente en todos los poemas. Como telón de fondo tenemos una grisácea Gerona que parece estática ante el frío, y a un personaje desesperado que habita en oscuro departamento repleto de telarañas y que sólo posee dinero y permiso para residir cuatro meses en España, sin derecho legal para trabajar.
Me abocaré a analizar dos aspectos que me parecen fundamentales de éste poema-obra. El primero radica en la construcción de sujeto. Este devela ciertas tensiones en la biografía del propio Bolaño -asunto intrascendente-, pero nos dice mucho de su particular propuesta de obra, de los temas a los que volvía obsesivamente con ese eufórico yo trashumante. El segundo es la noción de resistencia que podemos atisbar en el arrojo vital que describe el sujeto construido por Bolaño. La crítica que efectúa hacia la mediación dinero - amor y la negación de aquella esperanza, aquel pabellón silencioso de la universidad desconocida.

Nada es bastante real para un fantasma*

En el comienzo de “Prosa en el otoño de Gerona” se evidencia un desdoblamiento entre el sujeto autor y sujeto escritor (quien resulta fácil de materializar a través del cliché), y el personaje que participa en casi todas las acciones de la obra:
“allí, el personaje dice ay e empalidece. Como si estuviera dentro de un caleidoscopio y viera el ojo que lo mira” (253)

Existe entonces, un estado de continuo asedio entre el ojo que lo mira -ese autor todopoderoso- y el personaje que se encuentra fragmentado -desorientado- dentro de la narración. Una primera interpretación de ese asedio podríamos efectuarlo desde la condición de inicio textual propuesta por Roland Bhartes en su texto “el susurro de la lengua”: “la voz pierde su origen, el autor entra en su propia muerte, comienza la escritura”. La muerte, como elemento catalizador que da el inicio a la escritura, resulta comprensible para esta obra poema pero no termina de resolver el desdoblamiento entre autor-personaje, pues ambos aparecen en distintos fragmentos de los poemas. Esta claro que la intención de Bolaño no es intentar un heterónimo para evadir el yo autoral o encubrirlo. Me parece que su búsqueda, tiene que ver con el caleidoscopio y la fragmentación de imágenes que produce aquel objeto, como una estrategia escritural.
Ignacio Echevarría, en su texto “Bolaño Extraterritorial” (3), hace uso de la apreciación que realizó George Steiner (4) sobre Nabokok, Beckett y Borges. Steiner afirma que los escritores: “son turistas infatigables que miran los escaparates en los que se exhibe toda la gama de las formas existentes”. La idea del turista, encaja perfectamente con el sujeto en cuestión. Se trata de un latinoamericano emigrado en busca de un mínimo arraigo más que de una opción de trabajo (5), que construye sus textos en función de su paseo:
La realidad. Había regresado a Gerona, solo, después de tres meses de trabajo. No tenía ninguna posibilidad de conseguir otro y tampoco tenía muchas ganas” (284)

Los espacios por los que se desenvuelve el personaje-autor suelen ser cerrados. Esto, además de ser un cuestionamiento a la transformación que sufren los sujetos cuando están sumidos en el paradigma capitalista pasando a ser “objetos”, es también una estrategia escritural que le da atmósfera a la obra:
“No es de extrañar que el autor pasee desnudo por el centro de su habitación” (277) “Cuelgas y el frío entra la cabina, de improviso, cuando pensabas lo siguiente: es como una autobiografía” (281)

La claustrofobia se torna un estado que acepta el personaje-autor, como si se tratase de su propia vía crucis. Por otra parte, la invisibilidad, se debe a la falta de decisión que posee sobre la posibilidad de una complitud amorosa (esto lo analizaremos luego). Es por ello que la obra se envuelve en un complejo entramado de imágenes, como si se tratase de un niño que camina por la ciudad viendo lo que lo rodea a través de un caleidoscopio, o como si la obra fuera enunciada por un extranjero que no comprende los códigos que norman los usos de una ciudad.
Cómo puede entonces, relacionarse con la desconocida, con la universalidad desconocida?

Porque escribí
y hacerlo significa trabajar codo a codo con la muerte

Para comenzar a desmenuzar la última pregunta, debemos develar ciertos símbolos que aparecen repetidamente en los textos. Cabe decir que Bolaño consideraba que su obra era un continuo juego de matruskas. Es innegable la reiteración de personajes (Ulises Lima, Auxilio, Carlos Weider, el mismo Belano, que reaparecen en gran parte de su obra), de temáticas o escenas narrativas que se suceden entre una novela y otra.
Uno de los símbolos que genera un efecto de extrañeza en “Prosa del otoño en Gerona”, es la mención a un tiempo Atlantida. El término -imposible de resolver desde la lógica temporal- se evidencia en la misma obra de Bolaño, con un verso que aparece en el poema “los pasos de Parra”: La revolución se llama Atlántida. Se trata entonces, de sujetos que vivieron la pulsión de la revolución como una posibilidad, quizá la única posibilidad, de cambiar los paradigmas económicos que rigen las sociedades. Atlántida no es totalmente un U-topos sino un lugar -un continente- que posiblemente existe pero aún no ha sido encontrado. Y es justamente aquel ímpetu revolucionario que suscita conflicto al autor, pues él mismo aún no ha calibrado su relación con la derrota, que sufre también en menor medida la desconocida:
“Aquí el texto no tiene conciencia de nada sino su propia vida. La sombra que provisionalmente llamas autor apenas se molesta en describir cómo la desconocida arregló todo para su momento Atlántida” (261)

La “molestia” nos dice más del autor-personaje como sujeto -sobretodo de su incomodidad ante la derrota-, a quien no le interesa describir la situación de la desconocida. Ella arregla su momento revolucionario, en vez de dejarse llevar por la pulsión de aquel proceso sociopolítico. La vida del texto, es un reflejo de la vitalidad que posee el autor-personaje que aparece expuesto en los poemas, a pesar de que sus condiciones de vida le sean adversas. Bolaño decía que “bueno, un escritor, además de ser escritor, es una persona, un ciudadano, y como tal debe responder ante determinadas situaciones que ponen en entredicho la dignidad, la libertad, la tolerancia” (6). Y es justamente esa dignidad -como una paradoja- la que se pone en entredicho ante la condición real que el autor-personaje describe vivir:
“La situación real: estaba solo en mi casa (…), y las habitaciones estaban llenas de telarañas (…) el dinero, a cuentagotas, me alcanzaría para cuatro meses (…). No sabía qué hacer. Era un otoño benigno.” (263)

En la lógica de la economía neoliberal, la dignidad se asocia al abolengo que no proviene necesariamente del linaje o apellido, sino del poder adquisitivo que posea determinado sujeto. El personaje que comenta su situación real, posee escaso dinero -“poder adquisitivo”- el que sólo le alcanzará cuatro meses (los mismos que dura una estación como el Otoño) si es que lo estira con un cuentagotas. Su dignidad no radica en vivir el abolengo o mimetizarse cual sudaca en busca de mejores condiciones de vida, sino en soportar esa “situación real” y aceptar que pese a todo el otoño es benigno. El mismo Bolaño planteaba como juicio literario “prefiero juzgar una obra por (…) su resistencia a la soledad” (7).
Tras esa situación “real” que nos produce cierta emotividad en una primera lectura, se esconde el por qué el autor-personaje se muestra tan vital a pesar de las condiciones que sufre. El símbolo del otoño, espacio temporal desde donde se inscribe la obra, es un reflejo de la derrota que Bolaño intenta mostrar a través de su personaje desdoblado que a su vez retrata a una generación casi extinta. El deshojamiento como catalizador de un nuevo brote, puede ser benigno porque encubre un atisbo de esperanza (resistir hasta encontrar el Atlántida), a pesar de que convencionalmente se asocie al otoño con la nostalgia, la frialdad o la tristeza. No se trata de que el autor-personaje (o la desconocida, quien lo acompaña como una ausencia), estén esperando una primavera también cruel como diría Eliot -abril es el mes más cruel-, sino que aguarda en frías piezas cubiertas de telarañas como señal de resistencia. Por esta razón creo que una lectura acuciosa de “Prosa en el Otoño de Gerona” debería soslayar las claves románticas y biográficas y abocarse en la articulación de un sujeto que resiste como ente social, escribiendo además un trunco diario de vida, una obra que “resiste”. Una noción interesante del termino la encontramos en Didi-Huberman: “Podría decirse, es ese sentido, que una obra resiste si sabe ver en lo que sucede el acontecimiento definido por Deleuze -de una manera parecida a primera vista lírica y empática- como lo puro expresado que nos apunta y nos espera” (8). Y justamente, desde una primera vista que suscita emotividad el autor-personaje va dislocando ciertos presupuestos, pues logra entrever que su posible adaptabilidad en la sociedad Europa resulta en el fondo similar a su “miserable” situación. Pero esa postura no esta exenta de una perturbadora incomodidad, pues el desdoblamiento se vuelve una suerte de vía de escape, una forma de evadir la realidad (el planteamiento del autor-personaje ante esa realidad) en busca de un estado más apacible:
“Para acercarse a la desconocida es necesario dejar de ser el hombre invisible. (…). Sácame de este texto, querré decirle, muéstrame las cosas claras y sencillas, los gritos claros y sencillos, el miedo, la muerte, su instante Atlántida cenando en familia” (266)

La apelación hacia la fémina cuestiona los códigos de amor romántico tradicional, en el cual la mujer se vuelve una domina, una figura idealizada a la cual el caballero ama perdidamente sin llegar a conocerla o concretar su amor. El personaje-autor le pide a ella misma que lo saque de su realidad, y apela a sentimientos prístinos como buscando una complitud amorosa propia de una relación exenta de idealizaciones, más contemporánea o pragmática si se quiere. El sujeto que resiste entonces, conoce su tendencia al ostracismo y su pesimismo lo lleva a considerar que todo se vuelve un sinsentido. La invisibilidad, a pesar de sus continuos desdoblamientos, resulta una alegoría pues el autor-personaje no es un sujeto (objeto) inserto en la sociedad ni sus paradigmas económicos, sino un genuino outsider que vive el desasosiego:
“No tiene sentido escribir poesía, los viejos hablan de una nueva guerra y a veces vuelve el sueño recurrente: autor escribiendo en habitación en penumbras; a lo lejos, rumor de pandillas rivales luchando por un supermercado; hileras de automóviles que nunca volverán a rodar.
La desconocida, pese a todo, me sonríe, aparta los otoños y se sienta a mi lado. Cuando espero gritos o una escena, sólo pregunta por qué me pongo así.
¿Por qué me pongo así?
La pantalla se vuelve blanca como un complot.” (267)

El sueño se torna un elemento perturbador pues dentro de él no ocurre el esperado tiempo Atlántida, sino se nos muestra la figura cliché de un escritor que lleva a cabo su obra con efervescencia romántica mientras afuera ocurren escenas sutiles que insinúan la fragmentación de un sociedad, la llegada de esa nueva guerra que algunos predicen. Por otra parte, el sueño -las frustraciones del autor-personaje que provocan el sueño-, lo sumen a un estado donde no es posible lograr la complitud amorosa, porque él se pone así. Este escape casi victimario del personaje-autor, donde se alude a un “complot”, es quizá el mejor ejemplo de que su resistencia llega a abarcar la esfera amorosa, procurando negar u olvidar el amor que puede brindarle la desconocida en función de mantener su decisión de resistir todo un otoño sin dinero en una ciudad que lo transforma en desarraigado.

Por estas razones me parece que “Prosa del Otoño de Gerona” es una de las obras poéticas más potentes de Bolaño, pues su entramado textual y simbólico construyen los rasgos de un personaje cuyo discurso refractario se proyecta fuertemente. No se trata de un chileno o un Mexicano que viaja a buscar trabajo en Europa, sino de un Latinoamericano que se inscribe escrituralmente como un extraterritorial y vive como un desarraigado. Este sujeto no ha perdido su fe en la revolución y eso lo demuestra resistiendo, ante la realidad miserable que le toca vivir y al marasmo que puede generar una relación amorosa llana y de claros gritos. Esa es la esperanza que se niega en el último poema, la decisión de estar ajeno a la falsa Universalidad que ofrece el sistema. Por contrapartida se defiende la postura de estar sumido en el pabellón silencioso de una Universidad -que bien podría ser un continente- desconocida.

Notas
(1) Número 992. Febrero 2008, Santiago, Chile.
(2) Resultaría absurdo, a estas alturas, cuestionar la pertenencia de una obra ha determinado género, como si se tratase de un aspecto fundamental. Más adelante analizaremos el carácter extraterritorial de la obra de Bolaño, por otra parte, como dijo su amigo Enrique Vila Matas: “la noción de géneros literarios debería empezar a difuminarse al igual que las absurdas fronteras patrias”.
* Me pareció interesante, no se trata de un simple juego, ocupar versos del poeta Enrique Lihn a modo de títulos. Bolaño, en su época de joven poeta con tendencia al suicidio, le escribió una larga carta a Enrique Lihn y este le respondió atentamente. Bolaño exageradamente afirma que esa respuesta le salvó la vida…
(3) En Desvíos. Echevarría, Ignacio. Universidad Diego Portales, enero 2007, Santiago Chile. Página 48.
(4) Steiner, George. Extraterritorial, ensayos sobre literatura y la revolución del lenguaje. Ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2000.
(5) Ese gesto podemos comprenderlo como un cuestionamiento a la idea progresista -arribista- del sujeto latinoamericano medio, que suele entender el viaje hacia los países “primermundistas” como una opción de ascender laboralmente, validando así la política “neocolonialista comercial”.
(6) Bolaño, Roberto. “Bolaño por sí mismo” (edición de Andrés Braitwaite). Universidad Diego Portales, 2007. Página 92.
(7) Op. Cit. Pagina 98.
(8) Didi-Huberman, Georges. La emoción no dice “yo”, articulo publicado en La política de las imágenes. Metales Pesados, Santiago 2008. Pagina 46.
*Autor
Guido Arroyo González (Valdivia, 1986). Ha hecho circular el libro objeto Postales Bs As (2006) y publicado la plaquette adelanto Cerrado por derrumbe (edit Fuga, 2008). Ha obtenido triple mención honrosa en el concurso Roberto Bolaño (poesía y novela 2006, cuento 2007). Artículos, entrevistas y desvaríos suyos, han sido publicados en diversos medios, entre ellos: Albatros (Monterrey), La FOSA, Antítesis, Grifo, www.lanzallmas.com, www.letras.s5.com La Quetrófila (Bs As) etcétera. Figura en las antologías Catorce - Quince (FDE), Dossier de poesía y narrativa “la Siega” (Perú) y Riesgo País. Estudia Literatura en la UDP. Obtuvo la beca Fundación Neruda año 2008. Dirige las cada vez más anacrónicas Alquimia ediciones. Es disléxico y dislálico de nacimiento.