UNA FORMA DE MIRAR

sobre Mark en el espacio
de Mariana Suozzo (Huesos de Jibia, 2007)

por Nurit Kasztelan*

Mucho se ha dicho acerca de que en la poesía lo importante es la inscripción de una voz. Sin embargo, a lo que nos enfrentan los poemas de Mariana Suozzo en su libro Mark en el espacio, publicado por la editorial Huesos de Jibia, es a una forma de mirar. Quizá por eso toda su poética se podría resumir en estos versos:

yo mientras tanto no digo, sigo mirando aquellas zapatillas
como si fueran el símbolo de lo que no quiero perder

Los mismos, funcionan como la Ars poética de la autora que pone a la vista en primer plano frente a la enunciación y nos traen reminiscencias del pasaje del Libro del desasosiego de Fernando Pessoa que dice: “Así soy. Cuando quiero pensar, veo.” (1). Porque en esa afirmación de silencio, lo que se esconde es una mirada ingenua y a la vez llena de sabiduría. Como dijo uno de sus heterónimos, Alberto Caeiro: “El único sentido íntimo de las cosas/ es que ellas no tienen ningún sentido íntimo”. Incluso podemos pensar que las zapatillas funcionan como metáfora de la infancia; la poeta se para en el umbral y eludiendo la palabra infancia pero representándola en un “símbolo” coquetea con el registro de la niñez y de la adultez simultáneamente, dejándonos entrever, tal vez, que todavía no quiere crecer. Así, los poemas nos desfondan constantemente y cruzan sus propios límites.
Estos versos de la misma serie:

si me vieran desorientada
sabrían que la mayor parte del tiempo no sé que hacer
ni siquiera sé que es el tiempo

funcionan como la antimetafísica del “no pensar en nada” de Caeiro. Siguiendo esta línea, lo que ven los ojos adquiere más importancia frente a las “ideas”(2). Es como si hubiese que empezar a ver las cosas de nuevo, y el poeta, sólo frente al mundo, sin ideas preconcebidas, con el lenguaje como única herramienta, tuviera que contarnos lo que ve. El yo se enuncia desde el lugar del no saber, pero en realidad a la vez logra condensar pequeños fragmentos para finalmente afirmar, de forma paradójica: “me encuentro joven y totalmente vieja / como una hormiga.”

Anecdotario

El poemario se divide en tres series: “Escritos por la anécdota”, “Una vez el mar” y “Mark en el espacio”. Dentro de cada serie los poemas no tienen título sino que están numerados, dando una idea de continuidad. En “Una vez el mar”, la autora utiliza este epígrafe de Mariane Moore: “Nada curará al león enfermo salvo comerse un mono”. A primera vista, pareciera que el epígrafe no tiene que ver con el poema, pero nos está indicando una clave para leerlo.

Mariana Suozzo logra una inversión de los lugares comunes que alteran la percepción cotidiana de las cosas, por eso, en “Poema de amor profundo” leemos, sin poder evitar reírnos: “Veme aquí, sufro el síntoma de la mujer sentada / ahora mismo tengo más pétalos que una margarita”.

Pero la ironía se va desdibujando hasta transformarse en afirmaciones certeras alejadas de cualquier intento de trascendentalismo: “supongo que el significado de los nombres es un gran invento / o un invento muy pequeño, nada es absoluto". Incluso se arriesga a dar una definición de la soledad fuera de las convenciones que nos deja pensando largo rato “...la soledad es moverse rápido / o más lento que el curso natural de las cosas”. Y son estas mismas aseveraciones las que adquieren otro sentido al estar expresadas en segunda persona:

entonces la descubriste
tu misión había sido siempre la misma:
dirigirte de un punto a otro del espacio sin saber por qué.

El poeta no tiene un rol profético, simplemente traduce lo que ve: “bichos bolita, arañas y otros símbolos indescifrables dicen / que tu habitación se vuelve de fuego”, donde hay una oscilación constante entre estar en la escena y mirarla desde afuera. Así como para el idealismo trascendental, un objeto nuevo no es percibido tal cual es sino por medio de reminiscencias de objetos análogos u opuestos, en este caso son los “bichos bolita, arañas y otros símbolos indescifrables” los que nos ayudan a ver.

El espacio, la “región del universo que se encuentra más allá de la atmósfera terrestre” (3) se convierte en un “mundo irreal, fingido por la fantasía” (4). De esta forma, el libro se vuelve un pequeño mundo donde “un mal día / saldrá el sol y de nuevo nacerán los pájaros” y “otro día tu madre llamará y atenderás porque sabés / que lo imperdonable es el eco del timbre rompiendo el silencio”. Mediante una observación minuciosa y desmembrada nos describe paso a paso lo que va sucediendo, alterando las percepciones ordinarias. El tiempo se vuelve objeto de juego: no se ve el paso de los días, aún así, se mueve por azar caprichoso de la poeta.

Lo que logra conmover de los poemas es la forma en que se dicen las cosas:

un buen día caerá granizo sobre los nidos y al diablo los pichones
si perder la casa fuera tan simple no habría hombres
debajo del puente

ya que en estos condicionales se deja entrever una “reflexión metafísica camuflada de observación silvestre” como señala Gabriel Reches en la contratapa. De esta forma, Suozzo nos permite descubrir en lo imperceptible, a través de lo diminuto, el alma poética del universo. Es como si su escritura funcionara como una lupa que agranda y acerca la realidad a su antojo, y a veces hasta la deforma.

Porque en el fondo, en su búsqueda, vemos una profunda preocupación lingüística y una reflexión constante sobre la poesía y los materiales con los que trabaja el poeta “ningún poema nacerá de mí como un girasol / sí como una tinta viscosa casi derramada”. La poesía nace a borbotones, las palabras explotan a medida que se van nombrando pero nunca desbordan, no se “derraman”, sino que se mantienen en un equilibrio ya que lo que prevalece es “la necesidad de nombrar”. Por eso, quizá, la autora elige utilizar un lenguaje llano, con poca adjetivación que permite expresar de un modo objetivo lo que ve.
En la serie “Mark en el espacio”, el uso de la segunda persona nos enfrenta a un desdoblamiento del yo que escribe como si el poema no saliera del yo sino de un otro, y el yo lírico fuera el único capaz de descubrirlo: “y un poema increíble comienza a crecerte en el pelo / se enreda cubriéndote por completo el cuerpo”.


Crear un vocabulario propio

Si una de las funciones de la poesía es la de sostener la lengua y actualizarla, Mark en el espacio nos inunda de personajes de historieta o frases coloquiales que ayudan a revitalizar el lenguaje. Así, entre otros, desfilan “el hombre araña”, “la chica de la boletería”, “un parásito de la televisión”, “el Capitán Sook” y “el chofer del micro naranja”.
Pero detrás de esta aparente simpleza pareciera que existe una verdad de fondo. En la visita al espacio por el astronauta Mark, la cosa más simple posee el poder de afectar al lector mediante un lirismo que se va desdibujando: “ésta es la visión que te conmueve: un ave de rapiña baja rasando el cielo”. Versos como “...todo es claro y elemental: / un pájaro en cualquier lugar es la misma cosa con plumas” evocan el planteo de Baudelaire en sus Diarios íntimos(5) "la profundidad de la vida se revela por entero en el espectáculo, por corriente que sea, que uno tiene bajo los ojos". Nada más corriente que un pájaro con plumas, y sin embargo, no se trata de eso. Porque en las anécdotas y las descripciones aparentemente banales entrevemos una profunda reflexión filosófica.

En La Poética del Espacio, Gastón Bachelard nos cuenta: “la inmensidad es...una categoría filosófica del ensueño” (6). Debido a la naturaleza intrínseca del ensueño, para contemplar la grandeza es necesario un estado de alma particular donde el que sueña posee la capacidad de ver más allá de los objetos. Eso es exactamente lo que sucede con estos poemas, donde el yo lírico logra encontrar en el lenguaje una herramienta para expresarse y de esta forma habitar un mundo de ensueño al mismo tiempo que lo funda. Bachelard lo explicaba así: “en el alma distendida que medita y que sueña ... el espíritu ve y revé objetos. El alma encuentra en un objeto el nido de su inmensidad.” (7) Y eso es lo que ocurre cuando el astronauta Mark mira la estela de imágenes que deja la nave:

mirás atrás y está la tierra azul, a veces blanca y frágil
formando parte de un orden más grande que es el universo
no se distinguen los continentes; lo oscuro del mar y el verde se mezclan.

Porque es en la inmensidad del espacio donde uno se da cuenta de que en el fondo lo que más le aterra al hombre es la soledad:

la alegría es una cosa extraña
en tu paseo por el espacio le escribís a tu amante
que continuás sintiéndote terriblemente solo.

En definitiva, los poemas de Mark en el espacio forman un complejo microcosmos donde, a pesar de la simpleza con que nos llegan las imágenes, nos alejamos cada vez más del tiempo cronológico y de lo conocido, y mediante una poética de lo pequeño y de lo cotidiano nos acercamos a la inmensidad.

Paradoja del tamaño: para captar lo diminuto, Mariana Suozzo usa una lupa que nos agranda la realidad a su antojo.
NOTAS
(1) Pessoa, Fernando, Libro del desasosiego, Ed. Seix Barral, 1986, pasaje 434.
(2) “Comprendí que las cosas son reales y diferentes las unas de las otras; comprendí esto con los ojos, nunca con el pensamiento”, Caeiro, Alberto en el poema “Si, después de morir, quisieran escribir mi biografía”.
(3) Real academia española
(4) Real academia española
(5) Baudelaire, Charles, Diarios íntimos, Ed. Leviatán, 2006, en “Cohetes: XI”, pp. 27.
(6) Bachelard, Gastón, La Poética del Espacio, Editorial Fondo de Cultura Económica, 1993, “Cap VII: La inmensidad íntima, parte I”, pp. 220.
(7) Bachelard, Gastón, La Poética del Espacio, Editorial Fondo de Cultura Económica, 1993, “Cap VII: La inmensidad íntima, parte 4”, pp. 228.
* Nurit Kasztelan nació en Buenos Aires el 16 de septiembre de 1982. Es licenciada en Economía y estudia letras en la Universidad de Buenos Aires.
Publicó Movimientos Incorpóreos en el 2007, por la editorial Huesos de Jibia. Poemas suyos aparecieron en la revista virtual No-retornable y aparecerán en el número 3 de 150 monos. También colaboró con reseñas para las revistas virtuales El interpretador y No-retornable. Desde mayo del 2007, coordina el ciclo de lecturas de poesía La manzana en el gusano junto con Heber Ortiz, Lisa Cargnelutti y Germán Rosati. Su blog es www.escribirenelaire.blogspot.com.


Nurit Kasztelan