Esperaban tanto de ella

Esperaban tanto de ella,
pero de todos modos insistía en regocijarse
en la banalidad,
en saberse deseada, incomprendida.
Entonces un día vino el escape:
abrir de pronto las ventanas,
destrabar la puerta principal y
salir a correr por la calle.
Perder las chinitas a la media cuadra.
Sus padres, angustiados, intentan alcanzarla.
La persiguen, presurosos, los primeros metros.
Ella con los ruleros todavía puestos,
el vestido de quince en una mano,
la valijita con la vianda hipocalórica en la otra.
El, sacudiendo en una mano el juego de lapiceras de oro
que pensaba regalarle en cuanto se recibiera,
la corbata agitándose al viento.
Volvé
gritan
Volvé.
Ella que no gira la cabeza.
Mientras, en la casa familiar
el abuelo continúa recriminándole al sol,
la abuela, tejiéndole vestidos de lana
calurosos, herméticos;
vestidos que no habrá de ponerse nunca más.
Aún no se han enterado.
Esperaban tanto de ella, que ahora avanza
presta, como una gacela,
se va desabotonando el vestido a la carrera,
y lo abandona, dejando tras de si una estela de ropa colorida.
Corre desnuda hasta la esquina.
Despliega las alas más bonitas de la cuadra
y se echa a volar,
con el rumbo claro ante los ojos
y ellos
que esperaban tanto de ella
la miran alzarse en el aire
no atinan más que decirle adiós
agitando suavemente las manos.

 

El costado salvaje

Se le da por brotar de repente.
El costado salvaje
se apodera
arranca pipas
huye por los túneles
las calles
pregona lo podrido
escapa a la herejía
reza mucho
el costado salvaje
no reflexiona con la mente
sino que flexiona el cuerpo
de manera sostenida, incitadora.
En sucesión
raudo, busca el verbo de la carne.
Niega lo inconcluso
busca amantes,
las captura y llena de lujurioso frenesí
después las abandona, huye
Suscita desplantes en las entradas de los cines
“pero como es posible, que te ha sucedido”
Inquieto y apasionado
roba besos, corretea furtivo a las chicas
tiernas
a las hijas de la noche por igual
y repite desde la línea diecisiete
Increíblemente
huye de Baco y su hechizo
se ajusta la corbata e ingresa al hogar
apenas despeinado
los rasguños bien ocultos debajo gabán.

Cuero

I
Cuero ladrón.
De tanta carne que necesitamos
nos cobramos más víctimas de lo debido
entonces no queda más remedio,
nos aborrecen en las esquinas.
Es que no podemos esperar
porque no nos basta aguardar
agazapados en las esquinas,
atrapar cada tanto algún cuero aislado.
Tenemos que increparlos
con arengas milenarias.
Forzar a que se delaten y surjan
desde el fondo de sus escondrijos.
Tenemos que atraparlos
frescos, iracundos.

II
No somos únicamente cazadores.
Reforzamos nuestra hambruna falaz
con canciones ruines e indecorosas
que atraen a los adolescentes pernoctambulos.
Son presas fáciles. Los vicios les marcan el pulso
como una marca de estancia de alta alcurnia.
Son esos mismos vicios los que nos atraen
nos reclaman como la sangre a los vampiros.
Cuantas yugulares jóvenes!
Cuantas posibilidades para el beso!

III
Cueros restallantes y pulcros.
¡Sean bienvenidos!
Tenemos los dientes afilados para ofrecerles
y sacrificios de todos los colores
¿Que desean servirse?
¿O es que desean, tal vez,  en lo profundo de vuestro ser,
incorporarse al menú?

IV
Cuero raspado y cosido.
Montañas de babosas cenicientas.
Reclamamos hurto.
Afrontamos crímenes oscuros
y los duendes nos deploran
y maldicen
pero tarde o temprano llegará
el día en que descubramos
también su morada.
Entonces, finalmente, nos apropiaremos de su oro.
Revenderemos sus cueros como amuletos.
Descansaremos luego montados a un
arco-iris que desde siempre entendimos propio.

V
¿Cuál es el objeto de tanta carne
ampulosa,
danzando maniática por las calles
si no es el fondo de nuestra boca,
la posibilidad del paladar?

VI
Cuero mullido.
Hueso.
Mates embrujados ante el fuego y el sol.
Nos regodeamos lujuriosos
en el acto sincerado de quitar la vida sin piedad.
Arrellanados en una comodidad voluptuosa
a prueba del dolor del alma
cebamos dicha en cada cuerno
en cada pezuña blanda
¿Que somos sino el reflejo de lo mejor
de las especies?
Somos carne entre la carne.
Cuero y dicha.

O tal vez prefieran cuero, sólo cuero.
Ezequiel Kahan

Biografía:
Ezequiel P. Kahan, Buenos Aires, 27 años.
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