POR FAVOR, TIRE LOS RESIDUOS EN EL TACHO Por Sol Echevarría |
| La idea de este dossier surgió de una manera extraña. Fue mientras, acuclillada, trataba de hacer equilibrio para no apoyarme en la tabla del inodoro. Estaba en un baño público con los pantalones abajo. En ese momento de exposición, mi mirada chocó contra la madera de la puerta y en seguida se entretuvo con las escrituras estampadas en birome y marcador que rodeaban un papel en blanco pegado con cinta scotch donde aparecía la normativa de uso: “Por favor, tire los residuos en el tacho”. Una cuasi anónima, ya que firmaba con el nombre de “Rosa”, había dejado un comentario sobre el aborto. “Educación sexual para decidir, anticonceptivos gratis para no abortar y aborto legal para no morir”. De ese comentario salía otro, señalizado con una flecha, que anunciaba uno de los diez mandamientos “no matarás” y, de ese, otro que decía “me cago en dios”. En una esquina de la puerta se anunciaba “Aguanten Los Piojos” y, un poco más abajo, “somos Milka y Malva, dos pendejas super puerquitas. Te sacamos la milky. Llamanos al…”. El baño público en el que estaba exhibía una dualidad que entraba en tensión y se manifestaba en esas escrituras. Por un lado, el baño es un lugar en el que se entra casi siempre solo y se permanece con la puerta cerrada. Allí se llevan a cabo las necesidades vinculadas con lo escatológico: uno hace pis, caca, se suena los mocos y se cambia el tampón, entre otras posibilidades. Se efectúan las acciones biológicas signadas por el tabú en la sociedad (de no ser así, no haría falta un espacio cerrado para llevarlas a cabo). Pero, por otro lado, es un espacio compartido, un lugar abierto al público al que, en teoría, cualquiera tiene acceso. La escritura en ese espacio siempre es border y oscila entre esta existencia dual. Se trata de textos que se producen en soledad, de manera casi clandestina, pero que se plasman en un espacio que luego será ocupado, de forma igualmente solitaria, por otras personas. Es decir, estos registros son una marca en un espacio público que se convertirá en el espacio privado del otro. El que escribe es un yo que se impone dejando una huella legible por todos los que pasen por ahí, pero de a uno por vez. Un yo que le habla siempre a un tú, desde afuera del panóptico. Cada uno de esos textos dialoga, a la vez, con los otros que tiene a su alrededor, por más distintas que sean las temáticas que traten y los contextos de creación. El resultado es una suerte de cadáver exquisito conformado por fragmentos inconclusos, superpuestos, a menudo incoherentes, que entran en tensión y que incluyen o excluyen al lector a través del manejo de ciertos códigos. Estas escrituras en la puerta del baño son intervenciones urbanas, al igual que los graffities, las performances y las obras de arte callejero. Todos estos tipos de intervenciones tienen sus particularidades ya que se llevan a cabo en espacios con diferentes normas y “utilidades”. El baño es de por sí un espacio en el que confluyen múltiples elementos signados por lo privado. Se vuelve entonces, quizás con más facilidad que otros, un lugar en el que se liberan pensamientos que, semejantes a los actos que ocurren allí, son marcados por el tabú y la dificultad de manifestarlos abiertamente ante la sociedad, por diferentes motivos. En ese momento vinieron a mi cabeza dos sucesos que dan cuenta de la intervención de los baños, en su límite entre lo privado y lo público, entre un adentro y un afuera. Una anécdota fundacional de la literatura argentina ocurre en un baño. “On ne tue point les idées” escribe Sarmiento, mientras afuera lo acechan los bárbaros degolladores de ideas. Muchos años después, en otro enfrentamiento de naturaleza muy distinta, Roberto Plate monta la instalación de baños públicos dentro del instituto Di Tella. Los espectadores, que debían entrar de uno por vez, comenzaron a escribir en las paredes frases de protesta contra el régimen de facto. A la semana, la instalación fue clausurada por un operativo policial. Las escrituras que tenía frente a mí en la puerta del baño fueron plasmadas en un espacio que resulta “útil” de manera concensuada socialmente (al fin y al cabo es un baño, por lo que su función es específica, delimitada y clara). El papel en blanco, donde el “Por favor, tire los residuos en el tacho” pretendía imponer cordialmente una regla de uso, da cuenta de que se trata de un espacio normatizado y no impune a las políticas de las autoridades. Pero se sobreimprimen en otros sectores de la puerta más escritos, volviéndola también un texto ajeno a estas normas, otro texto. Se transforma así en un espacio de expresión, de deseo, de queja, de divulgación, de combate. Afuera, en la ciudad, hay muchos espacios que son textos posibles de ser intervenidos. La idea del dossier, surgida de una necesidad, fue abrir el debate al respecto de esos espacios urbanos y su resignificación a través de la intervención. Además, este es un tema que se vuelve indispensable hoy en día, por la coyuntura que atravesamos. Pareciera que estamos en una sociedad de control que, con la excusa paranoica de la “inseguridad”, se propuso expulsar estos espacios mediante el enrejado de todas las plazas públicas de la ciudad, también el vallado de los monumentos, y aumentando en casi todos estos espacios el control (guardias y policías garantes de la seguridad, cámaras de vigilancia) y el post-control (pintura correctora y “restauraciones”). Es por eso que este dossier está dedicado a analizar este espacio en riesgo: el espacio público, en su límite difuso con lo privado. Entonces sí, una vez pensado todo esto, escribí algo en la puerta y salí del baño. Otros escritos en la “pared” del dossier (1) “Nos encontramos frente a un acontecimiento nuevo en nuestra historia, la constitución de la Ciudad-Marca, un nuevo régimen que se basa en la movilización total de las diferencias hacia un solo proyecto, hacia una sola realidad. El territorio urbano como sede de la producción y reproducción social. En una ciudad que hace propaganda de sí misma construyendo discursos institucionales tales como el “crecimiento económico” y el “progreso social”, discursos dirigidos tanto al ciudadano como al capital interesado en invertir en un modelo así. La confluencia público-privada, en otras palabras, la intervención directa del capital en el proceso mismo de definición de las políticas territoriales, políticas que van mucho más allá de los aspectos estrictamente urbanísticos.” – por Bárbara Echevarría (2) “Intervenir la ciudad, cuando la intervención no la realiza una autoridad militar o una potencia extranjera, puede ser hacerse cargo de ella, proponer por la pequeña fuerza que se posea, una alternativa, mostrar en el escenario urbano, otra corriente de posibilidad. Claro, hay matices, un lockout no es un piquete, una obra de arte no es un lockout. Las intervenciones urbanas a través del arte tienen la fuerza de lo gratuito, de lo que se crea entre todos y sigue recreándose sin quitarle nada a nadie, sin negociar la libertad.” – por Romina Freschi (3) “Esa plaza pública estaba desde hace años, mal cuidada por la municipalidad, con el pasto excesivamente descuidado, poca iluminación de noche y basura. Después de que los rumores y luego las acusaciones de la familia Lebbos, de que el gobierno venía ocultando y desviando las investigaciones sobre el caso, el gobernador Alperovich hace “limpiar” y darle una nueva cara a la plaza, que al poco tiempo contaba con extraordinaria iluminación, canteros delineados, etc. Pretenden borrar los reproches de la memoria, eliminar la arqueología de la desaparición.” – por Andrés Herrera (4) “En el marco de espacios urbanos cada vez más inmateriales en los que los sujetos dejan de tocar la ciudad, aún es posible leer las paredes, en particular los graffitis, como manifestación sensible de la cultura urbana. Así, del mismo modo que es posible pensar que quien realiza un graffiti usa el espacio urbano contraviniendo implícitos ordenamientos catastrales reguladores del tránsito de personas y bienes, regulación que marca recorridos más o menos preestablecidos y sólo significativos en tanto posibilidad de acceso o llegada al lugar de destino, también es posible pensar que el graffiti supone el acto de lectura como manera otra de habitar la ciudad…” – por Claudia Kozak (5) “Tal vez mi propuesta se encuentre un tanto al borde de los conceptos. A primeras, un programa de radio no encaja propiamente dentro de lo que entendemos como “intervención artística”, pero al darse en un tiempo concreto, su carácter latente de transitoriedad o provisionalidad se pone en evidencia. Y a pesar de que las ondas de radio, no pertenezcan al espectro visible, modifican u alteran el espacio.” – por Verónica Maggi (6) “En la actualidad el arte callejero del graffiti a llegado de la mano de esta variante escuálida y saludable, extinguidos sus contenidos políticamente incorrectos, y de una nueva tribu que alude a ellos y retoma sus poses. Esa tribu (tribu en la clave de Maffesoli) está compuesta en su mayoría por artistas visuales y diseñadores nóveles, que conforman colectivos creativos atentos especialmente a las modas (del diseño y la imagen) venidas de allende los mares.” – por Andrés G. Muglia (7) “El miedo, el dolor y la muerte son constantes a lo largo de nuestras vidas. La forma en que abordamos y transitamos este tipo de situaciones, como sociedad y como individuos, es la problemática que recorre la totalidad de mi obra, tanto como motivo y como eje estructurante. Pinturas, fotografías y principalmente, arte grafico componen y organizan mi trabajo. En este momento, sin embargo, me interesa desbordar estos soportes más tradicionales para intervenir directamente el espacio donde vivimos estas sensaciones a las que me refería al principio, es decir, nuestro entorno real.” – por Julieta Ortiz de Latierro (8) “Seus trabalhos buscam apontar sutilezas, criar imagens poéticas, trazer à tona aspectos da cidade que se tornam invisíveis pela vida acelerada nos grandes centros urbanos, estabelecer discussões sobre os problemas das cidades, refletir sobre as possibilidades de relação entre os trabalhos em espaço público e os espaços "institucionais", lançar mão de meios de comunicação popular para realizar trabalhos, reivindicar a cidade como espaço para a arte. Através da realização de intervenções urbanas e ações efêmeras, o Poro procura levantar questões sobre os problemas das cidades através de uma ocupação poética dos espaços.” – por Grupo Poro (9) “Existe una multiplicidad de espacios alternativos vinculados a grupos que operan como sujetos artísticos y políticos sobre el espacio público, en particular -aunque no exclusivamente- en el espacio público callejero, ocupado como escenario y resignificado bajo una estética particular. Estética que de ninguna manera puede ceñirse al acto artístico. Es decir, la utilización de un espacio físico común a los habitantes de la ciudad, que la interacción de discursos simbólicos conforma a la vez como espacio donde tienen lugar las discusiones políticas. En Buenos Aires, hoy son varios los grupos que realizan intervenciones urbanas, algunos desde el plano artístico y otros desde el político-social, pero siempre produciendo un quiasmo inevitable entre ambos en su interacción con el espacio público” – por Pablo Mariano Russo (10) “Parkour, si tiene alguna definición (aunque la definición más aceptada entre los traceurs, sus practicantes, es que “Parkour es Parkour”) es el arte de desplazarse entre dos puntos de la manera más veloz y eficiente posible, valiéndose de –y sólo de– las posibilidades del cuerpo humano. Puede ser un arte rural o callejero. En una ciudad Parkour significa desgravar la gravedad, aligerar el tedio de los caminos trillados en la megalópolis –esas idas y venidas al trabajo por los mismos senderos, con los mismos obstáculos–. En el aspecto expresivo, Parkour es una manera de repensar la ciudad sin sus obstáculos. Es provocarse un mapa mental alternativo, que a su vez tiene un impacto en la manera de trazar y enfrentar caminos en la vida en general –ya que nuestras vidas consisten en poco más que salvar obstáculos de manera contínua–.” – por Jorge Omar Viera |