| NONO |
| por Pablo Natale* Salimos el tres de enero rumbo al sur. La meta específica era, más o menos, Neuquén. Decidimos tomar un colectivo desde córdoba capital hasta un pueblo aledaño e intentar el resto del trayecto haciendo autostop. Elegimos, como salida, Carlos Paz. Yo llamé a Ana desde la terminal, le dije que nos íbamos, me preguntó con quién, a dónde, sólo dije que tardaría en regresar y corté. Marianito en ese momento me esperaba del otro lado de la puerta de la cabina, tenía la boca entreabierta y casi apoyada en la ventana, como si estuviera, otra vez, al borde de empezar a hablar. Dijo que iba a ser un viaje inolvidable, que no se podía esperar nada menos, intentó contarme algo de su chica. No lo dejé. Vi que un colectivo arrancaba escaleras arriba, y salí corriendo. No era, de ningún modo, nuestro colectivo. Marianito sonrió y trató de tomarse las cosas con calma y con humor. En el resto del viaje mantuvo esa postura facial, el mismo gesto idiota, entrecortado y optimista en la cara. Apenas nos levantaron unos kilómetros. Nunca llegamos a Neuquén. - Sólo somos ruinas moviendo ruinas... - Escuchate este chiste, me lo acabo de acordar. - ...y las ruinas, si son ruinas, no podrán ser levantadas por nadie. - Primer acto: una minita levantando un saquito de té que se le cayó al piso. - ... - Segundo acto: la misma minita, con una falda infernal, muy buenas gambas, levantando tres saquitos de té que se le cayeron al piso. - Hablando de ruinas... - Tercer acto: la misma minita, en tanga, tiene un culo tremendo, levantando uno atrás de otro muchos saquitos de té, todos derramados en el piso. - ... - ¿Cómo se llama la obra? - “El feminismo, sus ruinas”. - En serio, pelotudo. ¿Cómo se llama la obra? - Ni idea. - Recogiendo-té. - ... - ... - Muy bueno... Insisto con lo de las ruinas. Mientras me contabas el chiste, pasaron por lo menos quince autos. Medio día antes del tres de enero Mariano pasó por casa. Me vio tirado en la cama, leyendo, se sentó, cruzó los brazos, golpeteaba el piso con los pies. Creo que trataba de decidir quién de los dos estaba deprimido, era un juego bastante interesante si se quiere, pero yo no dije palabra, simplemente seguí leyendo. Más tarde se fue, volvió al amanecer del día siguiente. Cargaba una carpa, una mochila con ropa, eso era todo, nada más. Me dijo que nos íbamos. Primero dije que qué, que cómo. Pero después me salió decirle que sí. Le pedí unos días para preparar el viaje, ya que no teníamos claro hacia dónde partíamos, un poco había que ponerse a pensar, él dijo que de ningún modo, que se iba esa misma mañana, y yo estaba claramente incluido en esa forma de deseo y obligación. Le dije que no tenía carpa, contestó que ésa era para cuatro. Le dije que en mi mochila sólo entraba ropa, papel higiénico y algo de dinero, me contestó que era suficiente. Le dije, ya que tenía todo tan claro, si llevaba por acaso dos bolsas de dormir. Contestó que no, que dormíamos así. “¿Frazadas?”. “Tampoco”. “Dormimos con la ropa que sobra”, agregó. Y entonces salimos el tres de enero, rumbo a Neuquén. Nunca llegamos a Neuquén. El día siete, lo tenía perfectamente contado, el sol me estaba quitando y poniendo la piel cuando nos levantó un auto largo y púrpura. Hasta ese momento sólo nos habían levantado camiones, a media distancia. Pero el día siete nos levantó un auto púrpura. Era una pareja joven. Ella tenía veintitrés, y él veinte. Ella estudiaba psicología, estaba por recibirse. Él estudiaba algo, tenía mucha plata. El auto era muy espaciado, tenía mucho lugar atrás para guardar cosas. Nos dijeron que eligiéramos la música, pero todo lo que había era reggae, un grandes éxitos de los beatles, y un cd con un tema raro que se llamaba “1979”, repetido una y otra vez. Nos preguntaron si teníamos hambre. Preferí mentir, Marianito no. Entonces nos pasaron un bolso y dijeron que comiéramos lo que quisiésemos. Había pan, un bol con arroz frío, dulce de ciruela, jamón, y queso cremoso en estado de sospecha. Entre el reggae y el queso cremoso, entre los dos jóvenes medianamente adinerados que atravesaban el país, entre la piel que se me descosía por la espalda, por el pecho, por los brazos, encontré una nueva palabra: “Restos”. Después Mariano me pasó un poco de marihuana, y me relajé. En un momento comencé a reírme de manera brutal. Todos se callaron, fue algo bastante impredecible. “¿Qué?, ¡¿qué?!”, preguntaba curioso Mariano. “Son sinónimos...”, expliqué. Nadie dijo nada. Vi todas las cosas como suspendidas. Ella apoyaba la mano sobre el hombro de él. Él miraba la ruta y el espejo retrovisor, las dos cosas a la misma vez. - ¿Qué hacés ahora, Nano? - Nada, ahí voy. - El sol me está matando, dejá de recoger boludeces. - ... - Todo el camino recogiendo boludeces, no entiendo para qué. - ...son de regalo. Mirá. - ¿Un bicho muerto? - Sí, es raro. Ya voy a ver a quién se lo puedo regalar. - Guárdalo para la tumba de tu padre. - No. Significa algo ahora, se lo voy a dar a alguien cuando vuelva. - Lo que sea, apurate y vení para acá. - Esperá un minuto, que lo guardo. - Siguen pasando autos, Mariano... El tercer día dormimos en Nono, pero ahora que lo pienso, es como si el tercer día hubiese sido no sólo el tercero, sino también el noveno. Entre dormir en el pasto libre y dormir en el pasto alambrado preferimos lo segundo, y entramos de noche, tarde, a un camping. Teníamos muchas ganas de bañarnos, y Mariano entró rápido, levantó carpa, y se fue a bañar. Yo arreglé las cuentas y llené una planilla de datos en la recepción. “¿Adónde quieren llegar?”, preguntó el señor gordo. “A Neuquén”. Un esbozo de sonrisa le quebró una parte del rostro, mientras desaparecía por un pasillo blanco, descascarado. Tardó demasiado en volver con el vuelto, como si tuviera muchas cosas que hacer o una historia estúpida para contar. La recepción consistía en una habitación con una ventana, mesa y sillas de plástico. Debajo de la silla y en todo el marco de la ventana, unos bichos raros, sin nombre, jugaban el juego del desorden, la suciedad y el polvo. - A ver si me ayudás a recordarlo... ¿Cuál era el sentido práctico de no traer bolsa de dormir? - ... - ¿Y no trajimos frazadas para cubrirnos porque somos muy capos, no? - ... - ¿Y si sigue cayendo lluvia no va a entrar nada de agua en la carpa, me equivoco? - Tengo frío, flaco... - Estás temblando. - Tengo frío. - Bueno... ¿Qué hago? - Traéme unos cartones. - ¿Qué? - Cartones, buscá cartones. Son aislantes. - No entiendo qué mierda decís. - ... - Pero bien. Traigo cartones. Y veo si alguien nos presta algún remedio. El tercer día dormimos en Nono, yo no me pude bañar. Estaba muy cansado, y traté de cerrar los ojos. Antes de las diez había un olor precario, la proximidad de un asado. Después de las diez, había en el aire un olor sospechoso, una mezcla de coca cola y bebidas con alcohol. Además de olor a tierra. Más tarde, a eso de la una, el aire comenzó a llevar y traer un sabor leve a jabón blanco. No podía dormir, y la cabeza me empezaba a estallar. Fui al baño, tragué un poco de agua, Marianito, cuando volví, dormía. Estaba en una posición casi fetal, se cubría las piernas con mi buzo, y entendí que además de dolerme la cabeza, tenía frío. Me senté, acurrucado, en una esquina de la carpa, y miraba a Mariano, y pensaba todo el tiempo en levantarlo y empezarlo a insultar. Tenía un trueno que parpadeaba en mi cabeza, el agua no había servido para nada. Traté de acostarme, dormir, respirar despacio, pero cuando estuve cerca de lograrlo, voces y voces empezaron a cruzar por abajo y arriba de la carpa. Todo el camping hablaba. Todo el camping parecía feliz. Todo el camping, una canción infinita de reggae. Los minutos pasaban, no me movía pero sabía que estaba al borde de regresar. No sé a dónde, a qué, o a quién, pero la palabra era ésa, regresar. Desperté a Mariano cerca de las dos. Le dije, con un aire tímido y a la vez contundente, “me voy”. Él ni siquiera me respondió, abrió y cerró los ojos, fue un segundo, siguió dormido. Hacía frío y el rocío se posaba en el pasto, humedecía las paredes de la carpa. A las tres los escuché venir. Era una pareja, gente estúpida que hablaba de cosas poco interesantes. Parecían quererse y estar de vacaciones, eso era suficiente, y normal. Se acostaron muy rápido, pensé que iba a escuchar gemidos de guerra, pero no escuché nada. Entonces ella le dijo, “¿no me querés leer algo?”. Me la imaginé casi desnuda, con un tatuaje de los rolling stones y otro con el yate de su padre. Él se movió: me lo imaginé casi desnudo, sin frío, y con un libro en la mano. Leyó una historia hermosa, donde había mucha arena y un bosque. Pasajes enteros describiendo a la vez la arena, el bosque. Él siguió leyendo, ella se durmió. Durante ese breve lapso de tiempo, sentí mucha agua, como si todo el cauce del río que pasaba cerca de Nono en ese momento se reflejara bajo una enorme luna, y refrescara completamente mi cuerpo. Ese fue el tercer día, a la mañana siguiente partimos, y al pasar por la recepción quise mostrarle los bichos desperdigados a Mariano, pero el servicio de limpieza o simplemente el agua acumulada por la lluvia se los habían llevado. Ese fue el tercer día, y si el tercer día fue a su modo el noveno, es raro pensar que el noveno día ya volvíamos, y que si el noveno día, y no el tercero, dormíamos en Nono, entonces estábamos trazando con nuestro trayecto un circulo imperfecto, pero un círculo en fin. Y si pudiese inventar un décimo día donde hablo del noveno, del tercero, y de todos los demás, me gustaría decir que en ese décimo día trazo en la tierra del jardín de mi casa la figura de un círculo, que algo en esa figura me hace sentir en paz, y que escribo debajo de ese círculo imperfecto la palabra “ruinas”. Y entonces contemplo lo que hecho, y no puedo decidir si la imagen es totalmente nefasta, o si tiene algo levemente encantador. |
| * Pablo Natale nació en la década del 80. Reside en Córdoba - Carlos Paz. Publicó en diversas revistas de circulación local. Participó con el cuento “Dibujos” (inédito) en el Ciclo Derecho a la Cultura 2007, en la U.N.C. Fue ganador del concurso Estímulo 2007 de la Agencia Córdoba Cultura con el cuento “Un Oso polar”. Prepara su primer libro de cuentos, a ser editado este año en Córdoba, con el título tentativo de "Invierno / Verano: La trilogía de los osos". Trabaja también en el libro de poesía llamado "Vida en común". Mantiene el blog pacmanvuelve.blogspot.com. |